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Marzo de 1957. Sergio Saíz, solo en su cuarto, medita ante un papel en blanco. Una muchacha le ha solicitado un poema. Él escribe: “Pedirme un verso /es poco más que difícil,/ es pedirme una ilusión,/ es darte algo de mí/ (...) Mi verso es como una palma,/ solo,/ triste,/ sano y duro.// Es un poco de mi Cuba/, es un poco de mi sol,/ es azúcar que me duele,/ es humo que sabe a esclavo...”.
No termina. Lo concluirá casi dos meses después y le pondrá como título “Un verso me piden”. “Yo no puedo escribir otra cosa que no tenga que ver con la Revolución”, confesaría entonces a una profesora.
En cambio, toma de nuevo el lápiz. Tiene ante sí el informe que piensa leer, a nombre de la Asociación de Estudiantes, ante el claustro del Instituto de Pinar del Río, para justificar la huelga estudiantil en solidaridad con la FEU tras las acciones del 13 de marzo en La Habana. Se titula “¿Por qué no vamos a clases?”:
“Ser estudiante no es solo repetir en un examen materias, la mayor parte de las veces aprendidas ligeramente, ni asistir todos los días a clases y hacer de vez en cuando una trastada (...) Es algo más que eso, es llevar en su frente joven las preocupaciones del presente y el futuro de su país, es sentirse vejado cuando se veja al más humilde de los campesinos o se apalea a un ciudadano. Es sentir muy dentro un latir de Patria, es cargar bien pronto con las responsabilidades de un futuro más justo y digno”.
Hermanos de sangre e ideas
Sergio Enrique Luciano Saíz Montes de Oca nació el 8 de enero de 1940 en San Juan y Martínez, provincia de Pinar del Río. El padre era un juez recto que nunca entraba en chanchullos y sobornos. La madre, maestra, educadora de varias generaciones, enseñó a Sergio y a Luis, el hermano dos años mayor, a leer y amar a Martí.
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