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Sexualidad y salud

Falsas señales (Cont.)
22 Ene 2016

 

 

El hombre no está acostumbrado al agasajo. El elogio sobrevuela con mucha facilidad el campo femenino. Dos enemigas irreconciliables pueden tener un segundo de paz celebrando una blusa o un par de zapatos. Nosotros carecemos de esta exaltación estética de unos con otros.

El hombre promedio no repara en la ropa que viste, básicamente usa una fórmula que mezcla comodidad con un mínimo de verse bien para el uso cotidiano. Solo se esmera a la hora de tener una cita importante, para dar una buena primera impresión, pero de ahí no pasa.

Por eso, cuando una mujer celebra nuestra vestimenta, creemos que no se refiere a las prendas, sino a la persona. El ego se dispara y nos hace creer lo impresionantes e irresistibles que somos. Un error bastante común.

Ernesto, de diecisiete años, nos cuenta cómo pasó la pena de su vida.

“¡Imagínate!, cuando voy a una fiesta o a algún lugar en específico, una de las señales que me han dado las muchachas a las cuales les gusto es ‘¡qué bonito te queda esto!’ o ‘¡qué bien te queda aquello!’. Para mí no es… era, rectifico, una mera excusa para sacar conversación, porque de alguna forma yo las atraía.

“Hasta un buen día. Una compañera de la universidad a cada rato me decía, ‘¡te sienta ese pantalón..!, ¡qué lindo te ves con ese color..!’, y yo enseguida pensé que estaba puesta para mí.

“Todas las noches me imaginaba teniendo conversaciones con ella, saliendo a pasear, besándonos…, en fin, fantaseaba cada minuto con la futura relación. Pues para mí estaba clarísimo y solo era cuestión de tiempo.

“Esperé la próxima oportunidad. Tenía disímiles respuestas ingeniosas que había practicado en mi mente una y otra vez, así que cuando volvió con su historia de ‘¡qué bien te ves hoy!’, le solté a boca de jarro: ‘Sin ropa me veo mucho mejor ’.

“En cuanto lo dije supe que me había equivocado. Su cara cambió de color. Se puso roja, roja, roja. Nada era como lo había imaginado. Tenía ganas de echarme a correr. Ella me dio la espalda y se fue. Hoy por hoy ni siquiera nos hablamos.

“Creía que era claro que estábamos coqueteando, pero no fue así. Para mí fue una señal equivocada, la interpreté mal y todo lo demás lo imaginé. Es una situación por la cual no quisiera volver a pasar”.

Para muchos la amistad entre hombres y mujeres es una falacia, siempre debe mediar algún interés de tipo carnal.

Demasiado amigable
Mucha líbido se dispara cuando una mujer comparte nuestras bromas. “Si se ríe de cuanta payasada hagas, es porque está muerta contigo”, reza el manual del flirteo popular.

 

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