Desde la calle les disparó un policía mientras otro miraba por la misma ventana por la que habían saltado, y les disparóa también. Este, al verla, le gritó descompuesto: “¡Mete pá dentro!”. Ana no recuerda otra cosa que el pánico que sintió y la ametralladora que portaba el esbirro.
Un tercer policía trae un martillo con el que rompe el candado que cierra la reja y entran en el incómodo pasillo a acabar su obra. La orden es terminante: ”Tráiganmelos muertos”, había dicho el capitán Ventura.
A Fructuoso, inconsciente por la caída, lo rematan, por eso es que en su cuerpo solo se describen cuatro disparos. El héroe había saltado directamente a la muerte.
Todo está ocurriendo muy rápido. Los policías, al bajar por las escaleras, solo atinan a ver a Carbó. Pero alguien corre por el pasillo y salta por la ventana. Uno de los esbirros se dirige a esta, mientras, en el piso de arriba, otros comienzan a tocar en un apartamento donde se escuchan gritos de mujer. Es el apartamento 202. Joe ha entrado por una ventana que da al patinejo donde está el respiradero, y la inquilina, muy sobresaltada, grita.
El joven revolucionario intenta calmarla, pero ella está muy nerviosa. Los disparos resuenan como truenos en la reverberación del edificio, y de pronto, este hombre que entra por el respiradero. A él lo buscan, y si le hallan allí, la pueden incriminar.
Machado cae primero por el respiradero y entra en el apartamento de los bajos.
A Joe no lo están buscando. Los policías vienen por tres individuos muy bien caracterizados: el presidente de la FEU, Fructuoso Rodríguez, sustituto de José Antonio Echeverría y jefe además del Directorio Estudiantil Revolucionario; Juan Pedro Carbó, el que disparó contra el coronel Antonio Blanco Rico —jefe del SIM (Servicio de Inteligencia Militar) y uno de los más odiados por los medios represivos dada su alta capacidad de lucha y vasta experiencia en burlar especialmente a Ventura—, y José Machado, también participante en lo de Blanco Rico y uno de los más destacados asaltantes de Palacio.
Y ya les tienen, pero los gritos de una mujer pueden significar que hay alguno más. La duda hace que no asalten este otro apartamento. Tocan. Abre una mujer muy nerviosa acompañada de un joven que de pronto no reconocen. Lo detienen.
De pronto, la mujer exclama: “¡No lo maten, es casi un niño!”. No hace falta más para que en la excitación de la matanza, los sicarios saquen a Joe y en la misma puerta le den muerte. Los seis disparos en su cuerpo, sin interesarle el rostro, denotan la corta distancia. Ocurrió en la puerta del apartamento 202.
El cuerpo de Joe es llevado hasta el elevador y bajado en él hasta la planta baja. Su sangre es la que ve Francisco Rodríguez, el encargado, frente al apartamento 201, sangre manada del cuerpo del joven revolucionario mientras aguardaban por el ascensor.
La prensa recoge el nombre de Esperanza Soler, la vecina del 101; el del encargado Francisco Rodríguez y el de la persona que alquiló el apartamento 201, Eugenio Pérez Cowley, pero no el de esta inquilina del 202. ¿Por qué? En las actas de la 6ta. estación aparecen dos nombres, una madre y su hija.
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