Se encuentra usted aquí

Arte

La felicidad está en EL TECHO
A través de la historia individual, y hasta común, de tres amigos en una azotea del conocido barrio capitalino de Cayo Hueso, la directora refleja el estado existencial de la juventud cubana

Por

18 Jul 2018

 

¿Te has preguntado alguna vez cuáles son tus verdaderos sueños? Seguro muchas veces, y en medio de un complejo camino de reflexión han aparecido dudas, trabas y, sobre todo, una imagen difusa o quizás demasiado “elevada” de cómo realizar esos deseos.

Luego comienzas a soñar despiert@, logras tu objetivo, reaccionas y, cuando vuelves a lo real, una palpitante sensación de felicidad inunda tu psiquis, pero se va desvaneciendo, no puedes retenerla. Caminas rápido, corres, le gritas, ella se marcha, y tú te detienes pensativo, mirando las nubes, buscándole el punto de fuga a una rutina en la que ya no logras respirar como quisieras.

Sin embargo, entre la superficie terrenal y el cielo azul celeste existe un punto de salvación, un espacio inerte y habitable (por discutible que parezca), un lugar casi imperceptible más allá de su función protectora sobre nuestras cabezas soñadoras: el techo.

La realizadora Patricia Ramos, con su ópera prima El techo, fue una de las personas que notó la existencia de un lugar tan privilegiado como ese para concretar aspiraciones personales, más allá del surrealismo hermoso en los sueños, y de lo alto o peligroso que pueda parecer, para quienes nos rodean, su propio techo.

A través de la historia individual, y hasta común, de tres amigos en una azotea del conocido barrio capitalino de Cayo Hueso, la directora refleja el estado existencial de la juventud cubana, sin entrar en pesimismos ni optimismos melodramáticos, elementos muy de moda en el audiovisual contemporáneo. En resumen, una construcción artística, dramatúrgica, fotográfica y ética muy bien razonada.

Anita (admirable interpretación de Andrea Doimeadiós), la muchacha embarazada, sufre por amor, a diferentes escalas personales; Yasmani (Enmanuel Galbán) vive por sus palomas un amor platónico, y tras el padre que no pretende salir de la cama; y Vito (Jonathan Navarro Eloseguis), quien afirma ser descendiente de un reconocido comerciante italiano, y defiende además, a capa y espada, sus emprendedores proyectos.

Tal combinación de caracteres, problemas y perspectivas interactúa, siempre desde lo alto, con una Ciudad Maravilla que los reta a ascender sin descender a sus calles, y a buscar un horizonte más amplio, mientras el de ella los deleita cada segundo.

La cinematografía nacional agradece el aire fresco y original en este largometraje –criterio compartido por la mayoría de las opiniones que he leído y escuchado–, pero quisiera agregar la sensibilidad de su creadora, cual sutil reclamo de una mayor visión femenina en el cine cubano, necesidad ratificada por la corta lista de realizadoras que lo integran. Dentro del listado destacan Sara Gómez (De cierta manera, 1974), Rebeca Chávez (Ciudad en rojo, 2009), Jessica Rodríguez (Espejuelos oscuros, 2014) y Marilyn Solaya (Vestido de novia, 2014).

Volviendo a la creadora de la cinta en cuestión, su sensibilidad se aprecia en una entrevista concedida a Darcy Borrero Batista (Granma, 15 de diciembre de 2016): “El hecho de que la gente pueda soñar y lo pueda lograr, creo (…) es lo que más se conecta conmigo de la película… Son personajes jóvenes, hay uno de ellos que es muy soñador. Los otros dos no tanto… son más aterrizados en la realidad. (…) Creo que en los tres (…) hay algo de mí. (…) O sea, los personajes nacen de lo que uno siente, vive, imagina, sueña o escucha. Cada obra pasa por el creador y, como tal, uno reinventa la realidad. Pero inevitablemente, siempre hay (…) conexión con uno.

”A mí siempre me gustó el universo que hay en las azoteas cubanas, es algo muy peculiar de Cuba y aunque ha habido muchas películas que lo reflejan, quise tomarlo como un pie forzado, hacer mayor énfasis en ese espacio de las azoteas. Es como un personaje también y, en mi película, todos los espacios abiertos son arriba del techo; los personajes no bajan a la calle, no hay ninguna calle”, argumentó la cineasta.

Y si no has visto aún la película, solo te adelanto que refleja el sentir de gran parte de los jóvenes cubanos hoy, jóvenes como tú y yo, seres humanos soñadores como tú, yo y siete mil millones de habitantes más del planeta Tierra, pues la búsqueda ancestral y constante de la felicidad no se circunscribe a edad alguna, y ni siquiera, a la enigmática Habana.

Escribe aquí tu comentario

Filtered HTML

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Plain text

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
Image CAPTCHA
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.