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La Humanidad debe un eterno tributo de agradecimiento al sabio cubano Carlos Juan Finlay Barrés, por su destacada labor en beneficio de los hombres y mujeres que morían a diario, como consecuencia de la enfermedad conocida como fiebre amarilla o vómito negro.
Nacido el 3 de diciembre de 1833, en la ciudad de Santa María del Puerto del Príncipe (conocida actualmente como Camaguey, en la zona oriental del país), el joven Finlay siguió los pasos de su padre, el médico escocés Edward Finlay, graduado en las universidades de La Habana y Perú. Carlos Juan curso estudios de Medicina en la ciudad estadounidense de Filadelfia, donde se graduó a los 22 años.
Después de homologar su título en la casa habanera de altos estudios, integró la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de Cuba, en la que fue secretario de su sección de Ciencias. En reconocimiento a sus méritos ocupó diversos cargos en esa corporación, y se hizo acreedor de distinciones y honores por su labor científica.
Este galeno se destacó por su perseverancia en la investigación de varias enfermedades, en especial la fiebre amarilla, que diezmaba a la población más pobre —que era también la más vulnerable— por residir en sitios poco higiénicos.
Además de ese importante trabajo, hizo otros relacionados con diversas enfermedades infecto-contagiosas, como la lepra, el beri beri, la malaria, la tuberculosis y problemas de la visión.
Durante la Conferencia Sanitaria Panamericana, celebrada en 1881, el doctor Finlay presentó su teoría sobre el contagio de la fiebre amarilla y su propagación, como un modo de poder demostrar que el mosquito Aedes aegypti era el único agente capaz de diseminarla entre la población.
A pesar de su gran dedicación al estudio de ese mal, que años después condujo al logro de una vacuna, algunos sectores científicos internacionales insisten en escamotear el mérito al médico cubano, quien durante dos décadas trabajó en solitario, con una gran fe en el triunfo de sus ideas.
Luego de ayudar y dirigir la organización de la salud pública en Cuba en los albores del siglo XX, el doctor Carlos Juan Finlay Barret falleció en La Habana, a los 82 años, el 20 de agosto de 1915.
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