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Cuba joven

Flechazos al corazón
Cupido sobrevivió desde la antigua mitología grecolatina hasta convertirse en parte indispensable del imaginario colectivo contemporáneo como uno de los principales íconos del amor
22 Feb 2016

 

 

El niño alado semejante a un ángel, a la manera cristiana, con los ojos vendados y armado de arco, flechas y aljaba, resalta en la actualidad junto al corazón, el color rojo o los bombones, como símbolo del día de San Valentín o de los Enamorados.

Esta imagen constituyó en la mitología romana el dios del deseo carnal, y era el hijo de Venus, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, y de Marte, el dios de la guerra.

Pero detrás de la angelical figura vivía un alma que se las traía, pues fueron considerables las trastadas que cometió.

Desde el comienzo
Cuenta la mitología que Cupido nació en Chipre, y su madre lo escondió en los bosques y dejó que fuera amamantado por fieras terribles que se encariñaron con él.

Venus optó por ocultarlo, temerosa del rigor de Júpiter que estaba dispuesto a desaparecerlo, conocedor de los futuros estragos que a la humanidad causaría el “angelito”.

Sin embargo, el caprichoso destino permitió a Cupido mantenerse a salvo, y así creció hermoso, audaz e incapaz de ser guiado por la razón, a la manera de sus selváticas nodrizas.

En el bosque fabricó un arco con madera de fresno y flechas de ciprés, arma que poco tiempo después fue cambiada por otra mucho más letal, de oro.

Las flechas del nuevo instrumento pasaron a ser de dos especies: unas con punta del valioso metal, y capaces de conceder el amor, mientras que las otras tenían el extremo de plomo, y sembraban el olvido y la ingratitud en los corazones. Además, al arquero se le concedió el poder de dañar a hombres, dioses, e incluso a su propia madre y hasta a él mismo; es decir, todos podían resultar sometidos a esas heridas.

Razones para el amor
Venus vio con el transcurso de los años que su hijo no maduraba ni crecía, y preocupada, consultó al Oráculo de Temis. “El amor no puede crecer sin pasión”, fue la respuesta incomprensible recibida por la tierna madre. Años después, Venus entendió la sentencia, al dar a luz a Anteros, el dios del amor correspondido y la pasión.

 

 

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