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Arte

Genialidad y virtuosismo a golpe de tambor (Final)
16 Sep 2016

 

Un Mozart aplatanado en la Isla
”Manos nacidas para tocare el piano, con dedos poco comunes que sobrepasan una octava de extensión”. Así calificó en su momento un crítico desmelenado a Jesús (Chucho) Valdés.

No estaba lejos de lo cierto.

El hecho de iniciarse en los terrenos del arte con solo tres años de edad, tocando de oído el complejo instrumento, ratifica al artista como un auténtico niño prodigio.

Un breve calentamiento en la agrupación Sabor de Cuba, dirigida por su padre, unido a la fundación en 1967 de la Orquesta Cubana de Música Moderna, darían al creador el bagaje suficiente para ser declarado, con solo 29 años, uno de los cinco mejores pianistas de jazz en todo el orbe, únicamente comparable a otros cuatro de altísimo rango: Bill Evans, Oscar Peterson, Herbie Hancock y Chuck Corea.

Posteriormente vendría la creación de Irakere, y con ella, la inauguración de un sello inédito en el espectro melódico de la Isla, que fusionó con particular atrevimiento el jazz, el rock, la música clásica y la afrocubana, logrando un híbrido calificado por expertos de inspirado y revolucionario para su tiempo.

Lo demás es historia conocida: giras por cerca de 50 países, más de 52 discos grabados, 14 nominaciones al Grammy (ganado en cinco ocasiones), escenarios compartidos con artistas del calibre de Michel Legrand, Gonzalo Rubalcaba, Dizzie Gillespie, Carlos Santana y Tito Puente, entre otros muchos. Todo ello resume de forma atropellada una carrera artística que, aún hoy, se resiste a dar sus cantos de sirena.

Nuevo siglo… nuevas metas
Cuentan que cada creador tiene a lo largo de su vida una sola idea original; el resto del tiempo se dedica a hacer circunloquios sobre ese mismo tema. Para algunos, Irakere constituye la obra maestra de Chucho, Para otros, la capacidad innovadora de este genio continúa irrefrenable en el nuevo milenio. Declaraciones realizadas a la agencia Prensa Latina así lo atestiguan:

“A pesar del camino andado, y de los reconocimientos, aún me faltan cosas por hacer. Me gustaría, por ejemplo, estudiar y tocar el Concierto número 2 de Rachmaninov, pero sobre todo, hacer un aporte en este infinito campo de la música”.

Los años, obviamente, no le pesan a Chucho, quien prosigue su camino impregnado de un espíritu eternamente joven.

“Lo lindo de esta carrera es que no tiene edad, ni tiene fin”.

Confiamos en ti, Chucho.

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