Casi 150 años después de la muerte de Shakespeare comenzaron a surgir dudas sobre la verdadera autoría de las obras, debate latente en la actualidad. Esas conjeturas basan sus argumentos en que un plebeyo del siglo XVI, criado en un hogar analfabeto, no podía ser capaz de redactar las sobresalientes narraciones rubricadas por su firma, cargadas de rigurosos conocimientos legales, históricos y matemáticos.
Lagunas en la documentación y supuestos mensajes en clave ocultos en los textos ayudaron a fortalecer esas teorías, que presuponen un alias tras el cual podrían esconderse otros ilustres nombres como Christopher Marlowe, el filósofo y hombre de letras Francis Bacon o Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford.
Lo cierto es que innumerables especialistas creen en la excelencia de Shakespeare, un actor de Stratford on Avon, capaz de convertirse en el escritor más importante de la lengua inglesa y uno de los más célebres del universo.


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