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5 Héroes

Gera, el héroe de mi vida
Adriana, la esposa de Gerardo, uno de los antiterroristas cubanos presos injustamente en Estados Unidos, se despoja de todas las corazas y comparte sus heridas más profundas, su optimismo realista y la meta más importante de su existencia
15 Sep 2014

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    12 Sep 2014

  • (Publicado en 2012)

     

    No saca cuentas. No piensa en los años que ha vivido, ni cómo. Así se salva, lucha, no se detiene. Cada mañana siente que puede lograr todo lo que se ha propuesto para esas escasas 24 horas, y avanza en el calendario. Cuando se pregunta si alguien puede borrar los últimos 14 años de su existencia, ella sabe que existe solo una respuesta. El NO se le atraganta.

    Cuando Adriana Pérez O´Connor cierra los ojos, puede ver a su esposo. Ve a Gerardo moverse de un lado a otro, lo ve exactamente en la posición en que se recostaba para hablar por teléfono, del modo en que levantaba los pies para ver el televisor, puede verlo llegando del trabajo, conversando con su mamá, abrazándola… Todo eso está ahí y llega la calma.

    Allí, en ese espacio íntimo, él no es el Héroe de la República de Cuba, del que tan orgullosa se siente. Allí es el hombre del que se enamoró hace 26 años. El artista que ha sabido esculpir el matrimonio desde la creatividad para sentirse el uno parte indisoluble del otro.

    Más de la mitad de sus vidas juntos, es mucho tiempo. Catorce años injustamente encarcelado por salvar a cubanos y estadounidenses del terrorismo, también. Pero Adriana, cual Penélope de estos tiempos, no teje; lucha y se entrega todos los días al hombre que la enamora a cada instante en las más difíciles condiciones.

    “Esto no es un compromiso político, esto es un compromiso de amor. Yo siento que lo que estoy haciendo es por algo que vale la pena, por algo que merece mi sacrificio”, asegura con voz firme.

    Ellos se presienten
    Si en el tiempo que Adriana dedicó a conversar con los lectores de JR, Gerardo la hubiera llamado, habría sabido que ella estaba en un lugar cerrado, con alguien más en el salón. Estos dos seres se han visto forzados a desarrollar el oído  para no perder ni un solo detalle de sus vidas.

    “Por el tono de voz uno sabe cuando está molesto, o tiene determinada carga, aunque no te lo diga. Uno lo aprende, como si desarrollara un sentido que le falta o fuera un sexto sentido… Por la vibración de la voz puedes saber cómo están las emociones. Las conoces y te las conoce”, apunta y sigue, despojándose despacio de esa coraza con la que seguramente se viste a diario en el intento de salir ilesa de sus 24 horas.

    “Es increíble, Gerardo sabe si estoy durmiendo —eso es más fácil—, si hago dos cosas a la vez, si donde estoy hay un televisor, si en la casa hay alguien. Si es un lugar cerrado me dice: ‘¿Tú no estás en la calle, verdad? Suena hueco’ “.

    Para ella, como han madurado juntos a pesar de la distancia y siempre han mantenido una excelente comunicación, han desarrollado el sentido de la telepatía, como la que describen las madres cuando, sin que nadie les diga, presienten que sus hijos no están bien.

    “Hay momentos en que yo he sentido necesidad de Gerardo —aunque necesidad de él tengo siempre—, me refiero a una necesidad mayor, de su presencia, su voz; y de pronto él está ahí. Lo mismo ocurre al revés. Hay días en los que él ha estado pensando exactamente lo que yo estoy haciendo”.

    Cuando Adriana “le pone voz” a Gerardo, de alguna manera, él está más cerca. La ternura firme con que ella comenta los diálogos sabidos de memoria, le permite sentir al hombre de carne y hueso, condenado por el Gobierno de Estados Unidos, aun sin una sola prueba, a dos cadenas perpetuas más 15 años de prisión.

    “Nos ha pasado que yo le digo:

    —¿Oye, Gera, tú hoy no te sentías bien?, y él no me dice ni sí ni no, solo me pregunta:

    —¿Por qué?

    —Ah, no sé, hoy pensé que tal vez tú no te sentías bien o que te estaba pasando algo raro.

    —Si tú supieras, estoy con un poco de coriza.

    Contar que muchas veces ha tenido la razón, deja al descubierto la añoranza: “Y a lo mejor hacía solo un día que no hablábamos. Porque de momento te encuentras con que nos decimos algo y uno de los dos salta: ‘Casualmente yo estaba pensando en eso, o casualmente te acabo de escribir eso’.

    “A veces me dice: ‘Mi reina, ¿tú leíste tal cosa en el periódico?’ —Sí, Gera, lo estoy leyendo ahora mismo”.

    Esas cosas les pasan todo el tiempo a Gerardo y Adriana.

    Gerardo todo
    Como Washington le ha negado en estos 14 años la posibilidad de visitar a su esposo, la voz de Gerardo se ha convertido en un elemento cardinal. La voz que la halaga, que le dice piropos, que la mima…

    Todavía recuerda espantada que, cuando lo detuvieron en el 98, pasó más de dos años de absoluto silencio. Los Cinco estuvieron 17 meses en confinamiento solitario, en el hueco, y no fue hasta el 30 de diciembre de 2000 que él pudo llamarla por primera vez. Fueron 12 minutos.

    Ese día, recuerda, “empezamos a escuchar la voz igual que siempre, a sentir el ánimo igual que siempre, las mismas preocupaciones… Nos dimos cuenta de que todo había estado como dormido, pero latente ahí. Como los conocimientos, que afloran cuando escuchas de ellos. A partir de ahí la comunicación fue mucho más fluida, un poco más frecuente, con todas las limitaciones que impone la cárcel”.

     

    Sigue...

     

     

     

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