Otros trabajos del autor
27 Jul 2016
23 Jan 2016
28 Aug 2016
2 Sep 2014
15 Aug 2016
2 Dec 2014
2 Oct 2016
6 Mar 2016
30 Jun 2016
22 Dec 2015
La preferencia por cabellos copiosos ha constituido parte del imaginario y costumbres de un número significativo de antiguos pueblos. Símbolo de poder, valentía, virilidad, plenitud sexual, buena salud, o únicamente relacionado con valores estéticos, el logro de una melena profusa obsesionó a varias culturas.
En la Antigua Roma, por ejemplo, se dejaban crecer el pelo y la barba tanto como los llamados pueblos bárbaros (que para ellos significaba extranjeros). Lucir abundancia de cabello en los hombres, se asociaba con la masculinidad, fertilidad, valor, y entre las clases privilegiadas también marcaba un estatus de poder.
En caso contrario, la escasez o pérdida de la melena, si bien no significaba desgracia a nivel social, podía generar baja autoestima debido al valor simbólico atribuido al cabello prolífico. Por ello no debe extrañar los insólitos remedios que se emplearon para luchar enconadamente contra la calvicie.
La figura que encarna la máxima preocupación de los romanos por el citado hecho es la del celebérrimo Julio César. Para que su padecimiento pasara inadvertido, pidió al Senado que le permitiese llevar permanentemente una corona de laurel.
Así su problema quedaría enmascarado más allá de las celebraciones por los Juegos Olímpicos.
Otras grandes figuras romanas que también sufrieron pérdida gradual de su cabellera trataban de disimularla dejándose crecer el pelo en la parte trasera de la cabeza y peinándolo hacia delante. También recurrieron a pelucas, fabricadas con el cabello que generalmente cortaban a esclavas y prisioneros.
En este sentido, nuevamente destaca Julio César, quien ordenó que al ejecutar al jefe galo Vercingétorix se le quitara la rubia y larga melena con la que, según algunas fuentes, cubría en ocasiones su despoblada cabeza.
Siguiendo con la connotación negativa de la calvicie, los germánicos, trasquilaban a los delincuentes como signo de desprecio; y los nativos americanos cortaban la cabellera a los enemigos vencidos, para privarlos así de la paz eterna, pues según ellos, de esta manera el Gran Espíritu no podría tomarlos del pelo al emprender el purificador viaje.
Pero si, como hemos adelantado, tener muchos cabellos era indicio de estatus y virilidad, su ausencia por decisión consciente indicaba renuncia a impulsos y placeres terrenos. Puede esto explicar el hábito de raparse entre quienes deciden el camino ascético y de humildad. Los monjes budistas y frailes y beatos cristianos constituyen sendos ejemplos
| Sigue... |


Comentarios
Algo bastante bueno el tema que se trata, ya que abunda el estrés en muchos cubanos, lo que se dice que ayuda a la caída y pérdida del cabello. Es bueno disfrutar aun de los momentos duros y difíciles, sacando todo lo bueno posible y no coger lucha, que junto con el estrés y la caida del cabello están los infartos que se regalan.
Me gustaríia tener más información sobre este tema. Por necesidades personales he buscado, pero no aparece mucho de ello ,y en la intranet no hay mucho acceso a la información.