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(Publicado en 2010)
Es casi imposible describir en un artículo periodístico los episodios de la Batalla de Guisa (poblado cercano a Bayamo, Granma), digna de un riguroso estudio militar, que se desarrolló del 20 al 30 de noviembre de 1958. En esos diez días se manifestaron las dotes de estratega del Comandante en Jefe Fidel Castro, así como su visión política y su valor personal.
El 19 llega Fidel con 230 rebeldes (la mayoría reclutas sin armamentos), a Santa Bárbara, donde organiza el cerco de Guisa. El líder ordena colocar una potente mina en el puente de Monjarás, sobre el río Cupeinicú, y ocupan posiciones. En la mañana del 20 de noviembre de 1958, el Ejército Rebelde dispara contra un convoy enemigo que había salido de Guisa, como era habitual. Comienza así el combate, con varias bajas —transporte, muertos, heridos y prisioneros— de los contrarios.
El Puesto de Mando envía refuerzo, pero no consigue avanzar por la resistencia de los guerrilleros, que minan otro puente. Siguen enviando compañías, pelotones, tanques, y sufriendo bajas de hombres y armamentos. En la segunda jornada, un grupo del ejército batistiano apoyado por un tanque Sherman, entra en el poblado. El 23, tras cuantiosas bajas, el Jefe de Operaciones traslada a numerosos soldados, con el fin de dar un golpe contundente. Se intensifica el combate y Fidel pide a la población de Guisa que abandone el lugar.
El líder rebelde ocupa la posición al este de la carretera y, por el oeste, se encuentran las fuerzas del capitán Braulio Curuneaux 1 hasta la cima de la Loma del Heliógrafo. También los rebeldes ocupan otras dos elevaciones.
Cada vez con más refuerzos, el enemigo trata de penetrar y es rechazado. El Jefe de Operaciones pide urgente apoyo aéreo a La Habana. En la madrugada del 27, los rebeldes baten al enemigo, mientras bombarderos B-26 ametrallan constantemente la zona. Un tanque M-4 localiza la posición de Curuneaux y lo cañonea sin cesar. Un disparo del blindado destroza la trinchera donde mueren heroicamente el capitán y otros combatientes.
En un mensaje a Radio Rebelde, Fidel había escrito: “Coroneaux, hecho un león….”. El bravo luchador había sido sargento del ejército de Batista; pero comprendió a tiempo de qué lado debía luchar, hasta convertirse en uno de los más admirados oficiales entre los rebeldes. Se hizo famoso por su destreza en el manejo de la ametralladora.
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