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Arte

Había una vez una niña...
Los grandes genios de la danza se revelan, según Martí, en la niñez y en la juventud ¡Cuántas mujeres extraordinarias han escrito páginas indelebles en la cultura universal! Alicia, que es considerada una de las grandes genios de la danza en el siglo XX, tiene una historia que contar a la mayoría de las personas que aman su arte...

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19 Dic 2014

 

 

(Publicado en 2007)

 

Ileana Núñez: Alicia, ¿Cómo era usted de niña?

Alicia: Supongo que debo haber sido una niña igual a todas las demás, había una sola diferencia que pienso tienen muchas niñas también hoy en día y la han tenido siempre, es que cuando yo oía música imaginaba mi propio baile.

Era viva, alegre, y tenía tres hermanos mayores a los cuales seguía. Me encantaba jugar a los cocinados. Ya bañada, jugaba con mis amigas en el jardín, pronto me venían a buscar porque estaba llena de tierra. Siempre he tenido mucha imaginación y un día en que puse unas hojas rojas y amarillas, creía que había hecho un arroz con pollo y dije: “He hecho un arroz con pollo, déjame probarlo porque está tan rico”. Lo probé y era tierra. Me gustaba recortar a las muñecas de papel, hacerles vestidos y ponerlas a dar saltos.

Ileana Núñez: ¿Cuál fue la primera obra que usted bailó?

Alicia: Lo primero que yo bailé fue El Gran Vals de la Bella Durmiente, el baile de los campesinos del primer acto.

Ileana Núñez: ¿Cómo se sintió, estaba nerviosa?

Alicia: Estaba muy contenta de bailar en el escenario. Pero pasé un apuro, bailamos con unos abanicos; cuando fui a sacar el mío tuve que improvisar unas vueltas y piruetas para poder sacarlo, parecía que yo era la solista del Gran Vals en lugar de una de mis compañeras. En “Pro Arte Musical” fue donde di mis primeros pasos de ballet.

Ileana Núñez: De aquella primera etapa de aprendizaje, ¿qué profesor usted recuerda especialmente?

Alicia: Mi primer profesor fue Nicolai Yavorski, cosaco ruso que fue con una compañía de ópera a París tratando de bailar baile folclórico. Vino a Cuba con un conjunto de ópera y fracasó, apareciendo luego en la Sociedad “Pro Arte Musical” como maestro de baile.

Ileana Núñez: ¿Recuerda alguna anécdota acerca de él?

Alicia: Algo muy increíble, él sin ser profesor de ballet como tenía muy buen gusto recibió unas clases de ballet y las asimiló enseguida. Cuando la revolución en Rusia, salió del país y se fue a Yugoslavia. Estando allí fue profesor de baile de salón y otros bailes a los que se les llamaban “bailes de fiesta”, y allí dio clases a un joven llamado Igor Youskevitch. Resulta que, años después, Igor se convirtió en un gran bailarín de ballet, uno de los mejores del mundo. El y yo bailamos juntos y descubrimos que habíamos sido alumnos del mismo profesor, yo alumna de ballet e Igor de bailes de salón. Nicolai estaba muy contento y orgulloso, y decía: “mis discípulos son esos dos”. Qué cosa más curiosa: a una distancia tan grande y, sin embargo, los dos dimos clases con la misma persona.

Ileana Núñez: ¿Quiénes eran sus mejores amigas?

Alicia: Cuando yo era chiquita, tenía dos buenas amigas que me duraron durante toda mi vida a pesar de que políticamente pensábamos diferente, pero me tuvieron tanto cariño que siempre las consideré magníficas amigas.

Ileana Núñez: ¿Dónde cursó sus primeros estudios?

Alicia: Estudié en un colegio de monjas, el colegio Teresiano, y luego comencé a formar parte del mundo de la danza. Antiguamente no existía aquí en Cuba ninguna escuela de profesionales, todas eran escuelas privadas, las que había eran para aprender un ejercicio, un movimiento, pero sin tener futuro. Mis padres tuvieron que pagar todas mis clases de ballet. Mi primer par de zapatillas de puntas las tuve cuando una niña que iba a viajar con sus padres, se las dio al profesor Yavorski para ver a quién le servían, y me sirvieron a mí.

Ileana Núñez: Alicia, le agradezco que me haya obsequiado unos minutos de su tiempo.
¿Usted quisiera agregar algo más, algo de lo cual no hayamos comentado aún?

Alicia: Lo que tiene nuestra niñez y nuestra juventud hoy en día, no lo tuvimos nosotros, el esfuerzo fue grande y valió la pena, ahora ustedes tienen el deber de cuidarlo, por el sacrificio que los anteriores tuvimos que hacer para que esto sucediera, y por el futuro de ustedes y por aquellos que van a continuar.

 

 

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