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“Hey, asere, qué bolá”, le espeta un joven a otro, pensando, quizá, que su exclamación es acertada.
“Sin embargo, mucho dice esa manera de hablar sobre la educación de ese joven, que llama la atención por su vulgaridad y chabacanería”, afirma el doctor Sergio Valdés Bernal, miembro de la Academia Cubana de la Lengua.
“No poco se ha estudiado el léxico de la juventud, en particular la vulgarización del lenguaje, porque a veces se interpreta mal la democratización y se cae en modelos que no debemos imitar.
“A mí no me molesta que los jóvenes se llamen entre ellos asere, monina o ecobio, me preocuparía más que empezaran a tratarse de brother, sister o men, porque esas no son nuestras raíces. Ahora bien, deben saber en qué contexto usar esas palabras, por cierto, de origen africano. Y a veces no hemos sabido llevar esta enseñanza a la juventud, problema que debemos corregir.
De acuerdo a cómo uno maneje la lengua, es cómo se desarrolla el cerebro. Lenguaje y pensamiento están estrechamente vinculados.
“A medida que usted desarrolla más el lenguaje, más evoluciona el pensamiento. Y mientras más pobre sea el léxico, no sabrá la palabra concreta para denominar un objeto determinado, lo que indicará pobreza de pensamiento y de expresión.
“El fenómeno no es privativo de Cuba, sino internacional. He asistido a varios congresos de la Asociación de Academias de la Lengua, y en uno se efectuó una mesa redonda sobre el habla juvenil.
La preocupación de los académicos fue tratar de trasladar a sus hijos una lengua más correcta en su expresión. No estamos hablando solo de los hispano-hablantes, sino como norma internacional para cualquier idioma.
“Por ejemplo, gran preocupación causa que una de las características del habla juvenil en las chicas hoy sea el uso de palabras obscenas. Y esto llama sumo interés, porque la mujer siempre ha sido más conservadora en cuestiones del lenguaje, e influye más sobre la educación del hijo. Es un fenómeno internacional, que es necesario atajar”.
Tradicionalmente, los jóvenes tratan de llamar la atención y diferenciarse de las personas mayores en la vestimenta, el peinado y hasta en la forma de hablar.
“Es necesario abordarlo de forma inteligente. Darles una explicación y herramientas para que comprendan por qué no pueden tratar a un profesor de asere ni de ecobio o tío, pues eso indica mala educación
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