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El primer historiador de la Isla de Cuba, José Martín Félix de Arrate Acosta, nació el 14 de enero de 1701, en una de las más prestigiosas familias de la oligarquía habanera de su época.
Reconocido por científicos de la talla de Felipe Poey y Francisco Carcagno y Monti, cursó sus primeros estudios en La Habana, y más tarde en México donde estudia Leyes.
Hombre de letras, fue Regidor perpetuo del Ayuntamiento de La Habana, por heredad jurada, y a partir de 1734 -y más tarde en 1752- es nombrado alcalde ordinario de la propia ciudad.
Durante la toma de La Habana por los ingleses se destacó por sus servicios a la Metrópoli española, e integró el cabildo extraordinario de La Habana, una vez recuperada la ciudad, con el objetivo de recaudar pagos por deudas.
Varios poemas y tragedias salieron de la pluma de José Martín Félix de Arrate, entre las que destacan “El segundo robo de Elena”, “Novena al ínclito mártir San Ciriaco” (publicada en la Revista Bibliográfica Cubana entre enero y febrero de 1938) y el informe al Rey y a la Cámara de Castilla sobre la entrega de La Habana por don Juan de Prado a los ingleses (1763), conservado en el Archivo General de Indias.
Pero su obra de mayor valor es “Llave del Nuevo Mundo. Antimural de las Indias Occidentales”, muestra acabada de criollismo y modernidad, de la cual no se ha encontrado el manuscrito original y que lo sitúa como el primer historiador cubano.
La obra no es una narración de hechos y hazañas, sino el cuadro completo de la sociedad cubana del siglo XVIII, y abarca cinco aspectos fundamentales: descripción geográfica y natural, reseña económica, explicación de las funciones de las autoridades y magistraturas, cronología civil y eclesiástica, así como crónica cultural de la época.
Su primera edición corrió a cargo de la Real Sociedad Patriótica de La Habana, en 1830, por iniciativa de Francisco de Arango y Parreño, y apareció un año después enriquecida con las notas de una comisión especial de redacción.
Una segunda edición se realizó en 1949 y otra en 1964, esta última por la UNESCO y considerada la más completa, ya que se consultaron las anteriores.También se conserva un manuscrito conservado en los archivos de la Sociedad Económica de Amigos del País.
No puede caer en el olvido quien falleció en su ciudad natal el 23 de abril de 1765, y legó su saber a las generaciones futuras.


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