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Historia

Un héroe acreedor de confianza
Al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX, nació en el territorio neoyorquino de Brooklyn, Henry Earl Reeve. Encabezaba la familia su padre, un ministro presbiteriano reconocido entre sus coterráneos por ser un hombre ilustrado caritativo y respetable
21 Jul 2014

 

(Publicado en 2006)

 

 

Al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX, nació en el territorio neoyorquino de Brooklyn, Henry Earl Reeve. Encabezaba la familia su padre, un ministro presbiteriano reconocido entre sus coterráneos por ser un hombre ilustrado caritativo y respetable.

Con clara inteligencia, el joven Henry se desempeñaba como un próspero comerciante y tenedor de libros, cuando supo que un puñado de cubanos independentistas exigía la libertad del yugo hispano. Entonces surgió en su mente una corriente de simpatía por los patriotas antillanos.

Cuando se determinó la partida no compartió la noticia con los amigos cercanos ni con la familia, sino que cerró las responsabilidades comerciales a su cargo, y se marchó decidido a servir junto a quienes luchaban por la libertad de Cuba.

La ola solidaria de los jóvenes revolucionarios norteamericanos tuvo en Henry uno de sus más altos exponentes, pues el intrépido combatiente, conocido como el Inglesito, se unió a quienes luchaban sin pedir paga, exponiendo su vida a cada momento. En mayo de 1869, con sólo 18 años y sin saber hablar una sola palabra de español, desembarcó por Holguín, al norte de la zona oriental de Cuba, como parte de la expedición del vapor Perrit.

Durante el combate efectuado en el lugar conocido como Cuevas, tuvo su bautismo de fuego, que se convirtió en una triste derrota. Fue dejado por muerto en el campo de batalla y considerado por su jefe, el general Jordán, como un soldado “inepto e inservible”.

A pesar de esos hechos, el general mambí Fernando Figueredo lo animó a unirse a las filas del Mayor General Ignacio Agramonte, quien le dio un lugar en la caballería camagüeyana y por su extraordinario valor le propuso con estas palabras para el grado de teniente coronel: “Y no extrañe el gobierno que se sucedan casi sin interrupción las propuestas de este digno jefe para coronel y brigadier. Necesito un segundo, y desgraciadamente, entre los muchos jefes en el departamento a mi mando no encuentro otro que reúna las aptitudes indispensables que concurren en este jefe para secundarme. El comandante Reeve se hace acreedor de toda mi confianza”.

A pesar de que las múltiples heridas recibidas en la guerra le inutilizaron una pierna, no dejaba de combatir, por lo que asistió al combate de Las Guásimas, donde se convirtió en el héroe indiscutible, por el derroche de coraje, bravura y entusiasmo que mantuvo desde la primera fila.

El homenaje a este coloso de la independencia cubana se inscribió en la lápida que recuerda su caída en combate, y dice: “Herido diez veces en la Guerra Grande, murió combatiendo en Yaguaramas, el 4 de agosto de 1876. Nunca hubo un extranjero que luchase con mayo heroísmo y abnegación por la libertad del pueblo de Cuba”.

Como merecido tributo a su memoria y a su espíritu internacionalista, el abnegado contingente de médicos cubanos que brinda sus servicios en lugares tan distantes de la geografía caribeña como Paquistán e Indonesia lleva el nombre de Henry Reeve.

 

 

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