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Ciencia y tecnología

La historia natural de Cuba al alcance de todos
Si decides por estos días llegarte a la parte más vieja de La Habana, solo déjate llevar por las piedras de la calle Obispo. Justo al final de ella encontrarás al Museo Nacional de Historia Natural de Cuba “Felipe Poey”

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30 Jun 2016

 

(Publicado en 2007)

 

Mucho de interesante tiene la capital cubana. Calles estrechas y aún oliendo a carruajes y negros pregoneros. Calles que te imantan para contarte viejas y nuevas historias. Por ello, si decides por estos días llegarte a la parte más vieja de La Habana, solo déjate llevar por las piedras de la calle Obispo. Justo al final de ella encontrarás al Museo Nacional de Historia Natural de Cuba “Felipe Poey”.

Antes del triunfo de 1959, muchos naturalistas se interesaron en la creación de un museo que albergara la historia natural de Cuba. No es hasta los primeros años de la Revolución que la idea se materializa.

La institución se funda el 26 de mayo de 1964, como justo tributo a Felipe Poey, uno de los más fervientes defensores de la creación de una institución con estas características. Inicialmente estuvo enclavado en una de las salas del Capitolio Nacional. Ahora muy cerca del célebre Templete, podrás acceder a él.

Allí, como uno de los recintos escogidos por la naturaleza para perpetuar la vida, se resguarda una interesante colección de la flora y fauna cubanas, y de diferentes zonas de nuestro planeta.

El museo a vuelo de pájaro
Con la misión esencial de promover el conocimiento científico y cultural de la naturaleza, el museo está formado por tres plantas, en las cuales se exhiben piezas de manera transitoria o permanente.

A través de extensas y ricas colecciones, con ejemplares de Cuba y de otros continentes, el centro presenta la evolución de la vida y las distintas especies que conforman el patrimonio natural de la nación.

Ofrece, además, conferencias, charlas, juegos didácticos, talleres, cursos cortos, video-debates, información en sala, concursos y servicios docentes a las escuelas, institutos y universidades del Sistema Nacional de Educación, incluyendo a la enseñanza especial.

Aunque es general la aceptación de las diferentes muestras por parte de los visitantes, las que se presentan con mayor periodicidad son las de un solo ejemplar representativo. Esta modalidad atrae notablemente la atención del público, que repite la vista; además, su realización permite el desarrollo de otras actividades.

Según la licenciada Regla de la C. Balmori, “el centro está diseñado para que se hagan recorridos libremente y se aprenda mucho, aun sin tener un guía. Aunque también están las visitas con museólogos y las que se hacen con guía investigador según el grado de profundidad en las temáticas que se solicitan.”

Para cualquier centro que potencia el conocimiento es indispensable el mostrase más allá de paredes y exhibiciones; a ello contribuyen los investigadores, no solo en el museo, sino fuera de él, lo que ayuda a la necesaria y útil extensión cultural.

Sin duda, el respaldo de especialistas de reconocido prestigio, tanto en el campo de la museología como en el de las ciencias, contribuye al cuidado y profesionalidad con las que están diseñadas todas las exposiciones.

Muchas son las vías por las cuales la naturaleza intenta mantener su equilibrio, restaurar o perpetuar lo que le es quitado. Quizás sea el Museo de Historia Natural de Cuba “Felipe Poey” uno de esos caminos.
 

 

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