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Hace varios milenios que el hombre se adjudicó el poder; pero no siempre fue así, ni tampoco en todos los lugares el patriarcado se impuso al mismo tiempo ni de la misma forma. En todas las sociedades conocidas hubo un momento en que ellas detentaron la autoridad, solo que la escritura se encargó de contar la historia a su manera, cuando ya el sexo masculino se había erigido como figura dominante.
Pero a pesar de la historia “oficial”, los descubrimientos antropológicos recientes hablan de un período en que las féminas ponderaban. No por gusto se le llama lengua materna al idioma nacional, ni madre natura al mundo que nos rodea, ni matrimonio a la unión conyugal. Tales ejemplos sugieren la época dorada de la mujer.
Es preciso observar, al mismo tiempo, cómo las leyendas patriarcales dicen mucho de la represión a las féminas. Por eso los estudios de hoy tienen muy en cuenta tanto el legado oral, como las narraciones escritas y los desenterramientos arqueológicos.
Leyendas de monstruos, dragones y serpientes
Si observas detenidamente, notarás que la mayoría de los mitos y leyendas clásicos llegados a nuestros días guardan alguna relación con monstruos marinos, saurios gigantescos y serpientes tenebrosas.
Pensemos, primero, en los más cercanos a nuestra cultura: una malintencionada serpiente tienta a la edénica Eva para que pruebe el fruto prohibido del Jardín del Edén; los practicantes de Ocha o santería no quieren llamar al majá por su nombre, ya que les puede traer mala suerte, y prefieren llamarlo 21; dos serpientes acosan a Sikán, la descubridora del Secreto abakuá; mientras que los sacerdotes de Palo Monte tienen cierta predilección por el majá… Lo curioso de todo esto es que tanto dragones como serpientes y saurios están siempre asociados al conocimiento primigenio o al cuerpo femenino de la Gran Madre Universal.
La mujer vinculada con la serpiente puede inducirnos hacia la tesis de que “sobrepasó” los límites de lo permisible en su desafío al poder masculino divinizado. El investigador Mircea Eliade en su “Tratado de historia de las religiones” afirma:
“Los símbolos de esta especie se sitúan en un ‛centro’, es decir que están siempre bien defendidos y el hecho de alcanzarlos equivale a una iniciación, a una conquista (‛heroica’ o ‛mítica’) de la inmortalidad”.
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