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Deporte

Holden: en blanco y negro
El protagonista de esta historia es un joven que sueña en blanco y negro. No se trata de que únicamente entienda de extremos, o que su vida carezca de matices, sino porque con esos colores se identifican los bandos en disputa en el ajedrez, deporte al cual ligó su vida

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17 Jul 2016

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(Publicado en 2008)

 

El protagonista de esta historia es un joven que sueña  en blanco y negro. No se trata  de que únicamente entienda de extremos,  o que su vida carezca de matices, sino porque con esos colores se identifican los bandos en disputa en el ajedrez, deporte al cual ligó su vida.

Con apenas 24 años de edad, Holden Hernández Carmenate es un trebejista de éxito. Desde 2005 se consagró como Gran Maestro, la máxima calificación que otorga la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) y en la última Olimpíada Mundial de la especialidad (Dresde, 2008), defendió el cuarto tablero del elenco nacional.

¿Cómo fueron sus inicios en el ajedrez? El propio jugador  comenta:

“Aprendí a mover las piezas en la casa, a los cinco años.  Me aficioné al juego, aunque  entonces no era mi gran pasión.  Mi hermano iba todos los días a la Academia del pueblo y competía con éxito en las categorías escolares.  Yo a veces iba a verlo con mi papá.  Por el embullo de mi hermano comenzó todo”.

Holden nació en el municipio de Güines, actual provincia de Mayabeque, el 10 de agosto de 1984. Generalmente da la impresión de ser un muchacho  muy serio y callado. Quizás por ello, su coterráneo, el periodista Andy Duardo  Martín, lo llamó el Guerrero del silencio. Sin embargo, quienes le conocen bien saben  de su sentido del humor y  sus picardías.

Además del ajedrez, le gustan los juegos de computadora, los deportes acuáticos, el fútbol, correr, salir los fines de semana con sus amigos, jugar dominó y  bailar, aunque advierte que  con los pies no se desenvuelve igual que en el tablero escaqueado.

De no haber sido ajedrecista, tal vez tocaría algún instrumento y hubiera estudiado Medicina. Durante algún tiempo compartió su interés entre el universo de los trebejos y el mundo de las rimas, y quiso hasta ser poeta. Definitivamente optó por el ajedrez y hasta hoy no lamenta su elección.

“El ajedrez me entretiene, algo que he logrado con el tiempo, porque al principio era muy competitivo. Lo que más me gustaba era ganar. Ahora trato de jugar relajado y eso me ayuda, porque tengo menos presión en las partidas, arriesgo más en las posiciones y lo disfruto sin pensar tanto en el resultado. Al final, es solo un juego”.

 

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