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Industriales: Leones, Azules, ¡campeones!
La XLIX Serie Nacional de Béisbol concluyó en la madrugada del primero de abril con un triunfo histórico para Industriales, el equipo que más coronas acumula en la pelota cubana (12), pero que tuvo una pésima campaña 2008-2009 y fue el último en clasificar para los play off de la temporada 2009-2010

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29 Oct 2015

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La XLIX Serie Nacional de Béisbol concluyó en la madrugada del primero de abril con un triunfo histórico para Industriales, el equipo que más coronas acumula en la pelota cubana (12), pero que tuvo una pésima campaña 2008-2009 y fue el último en clasificar para los play off de la temporada 2009-2010.

Sin embargo, en apenas 18 juegos reverdecieron laureles e hicieron recordar a su gigantesca afición —y también a sus inmensos detractores— la historia gallarda e inmensa que encierra la principal formación de la capital, en tanto sus jugadores fueron ejemplos de perseverancia, tenacidad, sacrificio y valentía. “¡Nos propusimos ganar y ganamos!”, confesaría tras la victoria el inicialista Alexander Malleta.

El director Germán Mesa fue más preciso tras el triunfo final en casa de sus enconados rivales, Villa Clara. “Nos preparamos desde el inicio para el primer lugar. Paso a paso, meta a meta, los muchachos comprendieron que sí podían subir al podio y este éxito es de todos, desde el masajista, los entrenadores, el chofer de la guagua, hasta el mejor bateador del equipo”, acotó.

Los protagonistas
Lejos de relatar las victorias en cinco desafíos (3-1, 1-8, 6-4, 9-4, 8-3 ) a los favoritos de Sancti Spíritus —con Yulieski, Cepeda y Eriel incluido—, los seis éxitos ante los monarcas defensores de La Habana (5-3, 8-2, 0-4, 8-2, 4-7 y 3-1) —el de mejor pitcheo en toda la serie— y los siete peleados triunfos ante los villaclareños (2-3, 0-3, 12-1, 11-1, 3-6, 8-5 y 7-5), veamos qué expresaron los nuevos monarcas de nuestro pasatiempo en diferentes momentos de la final:

“Comenzamos a jugar play off desde los últimos partidos de la clasificatoria, pues no se puede olvidar que en el juego 89 fue que logramos el boleto. Eso unió mucho al equipo y después de ganar el primer partido a Sancti Spíritus nos reunimos y dijimos: nosotros podemos ser campeón”, contó Alexander Malleta, elegido el más valioso pelotero de la tropa azul en esa ronda decisiva
.
“Lo mejor que tuvimos fue la unidad como colectivo, y cuando alguien salió por lesión del juego diario otro lo sustituyó igual o mejor. Es decir, el espíritu nunca cayó y cuando eso pasa es difícil perder un campeonato”, expresó en varias ocasiones un veterano y líder indiscutible de Industriales, Carlos Tabares.

Ausente durante casi toda la campaña regular por reiteradas lesiones, Yoandry Urgellés volvió a resultar pieza clave en la ofensiva de los monarcas. “Sabíamos que no se podía bajar la guardia ante ninguno de los tres equipos, pero sin dudas, el público del Latinoamericano demostró fidelidad, apoyo y nos dio fuerzas para las victorias, sobre todo en la primera serie ante Sancti Spíritus”, recordó.

Como uno de los momentos más felices en su vida deportiva calificó el torpedero Rudy Reyes el jonrón con bases llenas que prácticamente sacó de la lucha a los espirituanos, en tanto valoró que sigue siendo un orgullo ser industrialista porque “es la selección más grande de Cuba para quienes lo aman y hasta para sus detractores”.

“Hice lo que me tocó, con un mejor bateo que en años anteriores y la defensiva de siempre. No puedo dejar de pensar en esa victoria final, en el último ponche de Socarrás…”, declaró el receptor Frank Camilo Morejón; mientras que el lanzador zurdo Arley Sánchez no perdió la oportunidad de dedicarle una de sus actuaciones frente a Villa Clara al cumpleaños de su pequeña hija.

Un aparte con Germán
Muchos nombres quedaron guardados en la memoria colectiva de este galardón de Industriales. Serguei Pérez y su bateo oportuno; Raiko Olivares con sus fildeos de leyenda en la segunda base; Leugin Barroso, coloso en la tercera almohadilla y muy ajustado con el madero; Irait Chirino, revelación ideal como primer bate de la tanda; Stayler Hernández con su feroz ofensiva, y los lanzadores Odrisamer Despaigne y Armando Rivero, imprescindibles desde el box, por solo ejemplificar con los más conocidos.

Sin embargo, al frente de todos, como cabeza visible, estuvo un colectivo de dirección encabezado por Germán Mesa, el bien llamado “mago” del campo corto cubano en su época de jugador.

“Trabajo de equipo, esa fue la clave del resultado. Cada uno de los muchachos asumió el papel que le tocó, sin pensar en glorias personales. Se habla mucho de eso, pero lograrlo es complicado, creo que ahora somos un equipo”, respondió en una entrevista el manager más cuestionado de los 16 que dirigieron la Serie Nacional.

Sobre la actuación de los noveles abundó el director: “Los jugadores que nos llegaron de Metropolitanos se aclimataron con mucha facilidad, en especial Irait Chirino y Stayler Hernández, aunque en general todos los nuevos se entregaron e hicieron lo que el momento necesitó. Eso facilitó el trabajo”.

Con un estilo de mando muy particular y diferente al de sus antecesores, Germán destacó finalmente que este ha sido el título más difícil de todos los conseguidos como jugador. “Ya todo terminó y ahora la celebración invita a pensar en el próximo campeonato, especial para todos los cubanos, pues será la 50ma. Serie Nacional e Industriales saldrá a defender su corona”.

¡Y todo fue pasión!
Las últimas horas vividas en la gran final de la pelota cubana y el recibimiento desbordante y sin precedentes del pueblo de la capital a sus campeones, son quizás el mejor reportaje que podemos compartir con nuestros lectores.

El mérito de los Industriales no estuvo en su duodécima corona y un play off de ensueño. Su mayor virtud recayó en haber propiciado, junto a Villa Clara, el empujón necesario e imprescindible al béisbol cubano, el mejor de América no por sumas millonarias, sino por la calidad, la entrega y el amor de sus peloteros.

Para jugadores, directivos y veteranos industrialistas ,las miles de personas que salieron espontáneamente a las calles —hay cálculos que hablan de medio millón desde el inicio del recorrido en el Cotorro hasta el Parque 13 de Marzo, en La Habana Vieja— superó todo lo vivido en estos 49 años de béisbol, incluido el recibimiento a nuestra selección nacional después de su medalla de plata en el Primer Clásico Mundial.

Emociones hubo por doquier en las tres horas del apurado periplo. Desde las iniciativas más simpáticas, hasta los abrazos, besos y delirios que vivían las personas con sus industrialistas. Cuatro Caminos, Virgen del Camino, Calzada de Luyanó, Malecón habanero, Calle 23, Prado capitalino, por solo mencionar algunos lugares, se paralizaron al paso de la caravana de carros descapotables con la formación regular y el director Germán Mesa, mientras un tren turístico transportaba al resto del conjunto.

Fue esa misma masa de pueblo la que detuvo el paso del tren —averiado por falta de fuerza para subir una empinada calzada— y provocó el traslado sorpresivo y tumultuoso para el ómnibus oficial del equipo azul, en medio de un río humano que se apoderaba, alentada por la emisora local, de todas las arterias de la ciudad; en tanto carros, camiones y todos los medios de transporte se sumaban al jolgorio con el sonido de sus cornetas.

Vestidos con un mar de gorras y camisetas azules todos corrían entonces al lado del ómnibus, tirándole fotos a sus ídolos, tal y como pudiera experimentarse en un esperado concierto de artistas famosos. Y es que ellos son quizás más célebres, pero con bate, pelota, fildeos, jonrones, con la pasión de todos los cubanos: el béisbol.

Solo al final del recorrido, en un lugar histórico, el Parque 13 de Marzo, frente al antiguo Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución, se reunieron más de 20 mil personas para saludarlos y cantar con ellos el coro: “¡Oye, que Industriales sí!”, seguido por la actuación del popular dúo de reguetón Gente de Zona.

No valdría la pena concluir sin reconocer que esa furia azul, capaz de contagiar a todo un pueblo durante la tarde del primero de abril —miles de personas se quedaron sin saludarlos por un cambio del trayecto para ser puntuales en el acto final—, significó uno de los acontecimientos socioculturales más grandes en la historia de la capital cubana de todos los tiempos.

Sirva entonces todo lo vivido, la rivalidad de los ocho finalistas en la postemporada del béisbol cubano y el apoyo popular en cada provincia donde se jugó, como señales positivas y luces mágicas para esperar el venidero mes de noviembre, cuando el estadio Latinoamericano vuelve a reunir miles de personas, quienes gritarán a coro, comandados por la graciosa mascota del león: ¡INDUSTRIALES, INDUSTRIALES, INDUSTRIALES!

NOTA: Para este material se utilizaron las declaraciones y entrevistas concedidas por los jugadores de Industriales a diferentes medios de prensa radial, escrito y televisivo, así como el testimonio del autor en el recorrido del equipo azul por toda la capital.

 

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