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Historia

Una institución orgullo de Cuba
El 18 de octubre de 1901, hace exactamente 111 años, se fundó en la capital cubana la Biblioteca Nacional, que casi medio siglo después adoptó el nombre de José Martí, como un modo de honrar el Héroe Nacional cubano

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4 Jul 2014

 

(Publicado en 2007)

 

 

El 18 de octubre de 1901, hace exactamente 111 años, se fundó en la capital cubana la Biblioteca Nacional, que casi medio siglo después adoptó el nombre de José Martí, como un modo de honrar el Héroe Nacional cubano.

Sus antecedentes más remotos datan de la constitución de una Junta Organizadora de la Biblioteca y Museos Nacionales de la Isla de Cuba, que integraban reconocidos intelectuales de la época, entre ellos: Diego Tamayo, Vidal Morales, Manuel Sanguily, Raimundo Cabrera, José Poyo, Enrique José Varona, Néstor Carbonell y Aurelia Castillo de González, la única mujer que conformaba este grupo.

El esfuerzo de esas destacadas personalidades posibilitó que el albacea de la obra martiana, Gonzalo de Quesada y Aróstegui, lograra la promesa verbal del gobernador norteamericano en Cuba, Leonardo Wood, de crear una institución que luego se reconocería como la Biblioteca Nacional.

Así, en octubre de 1901, apareció publicado en La Gaceta de La Habana, el nombramiento de Domingo Figarola- Caneda como el primer director de la institución cultural, pero sin asentamiento en ningún inmueble específico, pues un día los bultos llegaron a la Maestranza de Artillería, luego los pasaron al Castillo de la Real Fuerza y después al Departamento de Instrucción Pública, todos en el área de La Habana Vieja.

Por iniciativa de Don Fernando Ortiz, en 1949, la Junta de Patronos del centro acordó designar con el nombre de José Martí al edificio que se proyectaba en la antigua Plaza Cívica de La Habana, hoy Plaza de la Revolución, para albergar definitivamente a la Biblioteca Nacional.

La primera piedra del inmueble se colocó, el 28 de enero de 1952, en ocasión del aniversario 99 del natalicio del Apóstol, que alcanzó una superficie de 22 300 metros cuadrados y un costo de dos millones 800 mil pesos.

Aunque se inauguró en febrero de 1954, hasta pasados tres años (1957) no comenzaron a brindarse los servicios para los cuales había sido creada la Biblioteca Nacional.

Actualmente se ofrecen en la institución exposiciones, proyección de filmes, investigaciones, servicios especializados, concursos, publicaciones y conciertos, para beneficio de estudiantes, investigadores y especialistas.

Los fondos de la Biblioteca Nacional lo integran una colección central, formada por una alta cifra de libros y folletos, además de periódicos, revistas y miles de manuscritos de relevantes figuras cubanas y extranjeras de las artes y las letras. Se conservan además guías de viaje, fotos y negativos, una de las mayores colecciones del mundo de discos de ópera, carteles, incunables y una extensa colección de ex libris.

Al triunfar la Revolución Cubana, en enero de 1959, asumió la dirección del centro la doctora María Teresa Freyre de Andrade, destacada personalidad de las letras cubanas y activa luchadora contra las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista. También han tenido la máxima responsabilidad del centro los poetas Sidroc Ramos y Luis Suardíaz y los historiadores Julio Le Riverend y Elíades Acosta, quien actualmente ocupa el cargo.

Entre sus cercanos colaboradores se cuentan los destacados intelectuales cubanos Fina García Marruz, Cintio Vitier, Rafaela Chacón, Alejo Carpentier, Cleva Solís y Roberto Fernández Retamar, entre otros.

A propósito de celebrarse en Cuba el Primer Seminario Latinoamericano y Caribeño de los Servicios Bibliotecarios para Ciegos y Débiles Visuales, en 1993, surgió la idea de crear una sala para personas con esas discapacidades.

Ese sueño se materializó en febrero del 2001, mediante un trabajo conjunto de la institución cubana y la Organización de Ciegos de España (ONCE).

El acceso de los ciegos y débiles visuales a las fuentes de conocimiento, mediante una sala dotada con modernas tecnologías en la Biblioteca Nacional José Martí, les facilita una mejor rehabilitación y una mayor integración a la sociedad, en lo que constituye un verdadero logro de la Revolución Cubana.

 

 

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