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Historia

El joven Céspedes
Son muchos los textos en los que vemos reflejada la figura y gallardía de este patriota cubano, nacido el 18 de abril de 1819 en Bayamo, la Ciudad Monumento de nuestros días. Pero ¿cómo era en realidad el joven Céspedes?

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18 Jul 2014

 

 

 

Con luz propia se yergue en nuestra historia la figura patricia de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, quien aportó a nuestras tradiciones patrias el desinterés y la entrega total, la valentía y la honradez.

Son muchos los textos en los que vemos reflejada la figura y gallardía de este patriota cubano, nacido el 18 de abril de 1819 en Bayamo, la Ciudad Monumento de nuestros días. Pero ¿cómo era en realidad el joven Céspedes?

Hijo de una familia acomodada, desde temprana edad dio muestras de una preclara inteligencia. Graduado de bachiller en Derecho el 22 de marzo de 1838, trabajó como pasante en La Habana durante algún tiempo, para adiestrarse en la profesión, y más tarde regresó a su tierra natal.

Pero su afición por los estudios no impidió que se enamorara de su prima María del Carmen Céspedes y López del Castillo, una de las bayamesas más bellas de su época. Se casaron el 18 de abril de 1839, el mismo día en que el futuro Padre de la Patria cumplía veinte años, y su primer hijo nació el 3 de enero de 1840.

Tener ya una familia no fue óbice para que marchara a España, donde se graduó en Jurisprudencia en la Universidad de Madrid. Y como era habitual entre los jóvenes adinerados de su época, Carlos Manuel viajó luego por Inglaterra, Francia, Suiza, Grecia, Alemania, Italia e incluso la lejana Turquía. Muestra de su facilidad para los idiomas es que al regresar a Bayamo en 1844, hablaba latín, inglés, catalán, francés e italiano.

Al año siguiente nació su segundo hijo, Oscar, quien, apresado muchos años más tarde por las tropas españolas, provocara que su padre pronunciara estas históricas palabras: “Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueren por las libertades patrias”.

Quien nos legara también la frase que contiene la patriótica decisión de Independencia o muerte, estableció su bufete de abogado en su ciudad natal y se dedicó al cultivo de las letras. Quizás no muchos conozcan que Céspedes escribió comedias, tradujo versos de Virgilio y fue él mismo autor de inspirados poemas. Poseía además amplios conocimientos musicales y era un gran orador; también se distinguía por su habilidad en la esgrima, la gimnasia y la equitación, cualidades que le serían muy útiles durante su vida en campaña.

El ferviente patriotismo que siempre caracterizó la conducta de Carlos Manuel de Céspedes, aun desde su juventud, tuvo numerosas manifestaciones que le valieron la animadversión de las autoridades colonialistas españolas. Uno de esos incidentes ocurrió en un banquete ofrecido para celebrar el nacimiento de la princesa de Asturias. El insigne patriota se negó a brindar por la corona de España, lo cual le valió ser confinado durante cuarenta días en Palma Soriano.

Posteriormente fue desterrado a Baracoa, y luego a Manzanillo. Además, después de las ejecuciones de D’Strampes y Pintó lo condenaron a vivir durante ocho meses en el navío Soberano, surto en el pueblo santiaguero.

El estar constantemente sometido a la vigilancia del gobierno colonial, no le impidió a Carlos Manuel de Céspedes conspirar activamente por la libertad de Cuba y convertirse en el jefe supremo de la revolución.

Los historiadores recogen en sus obras que el también autor de “La Bayamesa” junto a su primo Fornaris, fue un joven amante de las reuniones sociales, de las conversaciones inteligentes y del trato con hermosas mujeres. Pero lejos de él estaban toda frivolidad o libertinaje. Su madurez de carácter y en el plano político tuvo su máxima expresión aquel día de octubre de 1868, cuando, dejando atrás comodidades y riquezas, dio el valiente paso de liberar a sus esclavos y lanzar el grito que convocaba a la lucha a todos los cubanos.

Ya en el fragor de la lucha revolucionaria, Céspedes fue investido como primer presidente de la República de Cuba en Armas el 12 de abril de 1869. Su destitución años más tarde, uno de los hechos que abonó el camino para el florecimiento de la indisciplina y el regionalismo que tanto nos costaron, no hizo variar en nada las concepciones patrióticas que lo llevaron a alzarse en su ingenio La Demajagua.

En una de sus últimas cartas a su familia, describe con cuánta sencillez vive, junto a su hijo Carlitos, en la casita de guano “bien cobijada y con buenas maderas”, donde se había retirado en el poblado de San Lorenzo, situado en las estribaciones de la Sierra Maestra. incluso allí, en medio de una vida más tranquila, siguió siendo útil a su pueblo, pues se dedicó a alfabetizar a los niños campesinos de la zona. Y siempre, siempre, con Cuba en el corazón y en el pensamiento.

En ese humilde paraje fue sorprendido por tropas españolas, y, herido, cayó en un barranco, “como un sol de llamas que se hunde en el abismo”, diría otro gran patriota cubano, Manuel Sanguily.

Quizás no todas las acciones de Carlos Manuel de Céspedes fueron correctas desde el punto de vista político o en relación con el contexto en que se desenvolvió, pero nadie puede dejar de sentirse conmovido ante el patriotismo, la firmeza y la absoluta abnegación de un hombre a quien el brillo de su cuna ni el medio en que creció le impidieron reconocer que la lucha armada era el verdadero camino para que su patria se convirtiera en un país libre y soberano. Y así lo expresó con su verbo vibrante: ”Cuba no solo tiene que ser libre, sino que no puede ya volver a ser esclava.”

Quizás nadie como nuestro más grande intelectual, José Martí, haya aprehendido la verdadera esencia del carácter de Carlos Manuel de Céspedes. He aquí su certero juicio:

“¡Mañana, mañana sabremos si por sus vías bruscas y originales hubiéramos llegado a la libertad antes que por las de sus émulos; si los medios que sugirió el patriotismo por el miedo de un César, no han sido los que pusieron a la patria, creada por el héroe, a la merced de los generales de Alejandro; si no fue Céspedes, de sueños heroicos y trágicas lecturas, el hombre a la vez refinado y primario, imitador y creador, personal y nacional; augusto por la benignidad y el acontecimiento, en quien chocaron como en una peña, despedazándola en su primer combate, las fuerzas rudas de un país nuevo, y las aspiraciones que encienden en la sagrada juventud el conocimiento del mundo libre y la pasión de la República! En tanto, ¡sé bendito, hombre de mármol! “

 

 

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