Pero un personaje nacido en la villa del polvito colorado se destaca en la historia de Cuba, dentro de las protestas en los predios de la Universidad de La Habana, y con rasgos de leyenda en las luchas contra la dictadura batistiana en la capital: Juan Pedro Carbó Serviá.
Este muchacho arrojado, que puso en jaque a toda la policía del régimen represivo en los años de 1953 al 57, era un hombre alto, muy alto y delgado, con gafas de baquelita que le conformaban el rostro. Juan Pedro miraba de frente, y como lo hacía desde arriba, debido a su estatura, daba la sensación de que cuestionaba lo que se le decía. De cualquier manera, aquel hombre era dueño de su destino y jugaba con este al valor.
De los hombres de José Antonio era uno de los de mayor acción. Médico veterinario, había matriculado la carrera de Derecho con el objetivo de mantenerse vinculado a la universidad, para continuar la lucha contra Batista.
Es increíble el nivel de combatividad de aquel hombre dicharachero y bromista, en el cual el miedo no tenía ni la más pequeña oportunidad. Lo temerario de su acción y las “locuras” de Juan Pedro habían creado la leyenda.
Juan Pedro Carbó Serviá era uno de los tipos duros del Directorio Revolucionario. Oír hablar de él era como oír hablar de un personaje mitológico que no encontraba reparo en enfrentar a los más terribles monstruos; aunque en realidad no estaban muy lejos de serlo aquellos esbirros que, salidos de lo peor del ser humano, servían a la dictadura.
La muerte terrible ocurrió el 20 de abril de 1957 en el edificio número siete de la calle Humboldt, donde el ensañamiento brutal de aquellos que le querían muerto descubrieron el miedo, y el miedo dio paso al odio que sentían sus asesinos. Al cuerpo de Juan Pedro se le contaron más de diez heridas de bala ,aunque se encontraba desarmado y sus enemigos a menos de cuatro metros de distancia.
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