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Sexualidad y salud

Los juegos del hambre
Por decenas se contabilizan las dietas que inundan los espacios donde nos movemos. Muchas basan su eficacia en una rapidez casi mágica, no importa si en el fugaz trayecto se quede en deuda con la salud

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13 Feb 2016

 

 

Amanda tiene veintiún años y 76 kg. Desde hace semanas pasa gran parte de su tiempo haciendo dietas y acaparando fajas para el abdomen. Una persistente debilidad la acompaña desde horas muy tempranas. Su cuerpo pide a gritos mordisquear algo de alimento, pero ante la demanda, un par de vasos de agua es la respuesta.

Solo la llegada de los horarios de almuerzo y comida interrumpen el ritual, cuando un plato de sopa humeante con apenas unas viandas hace acto de presencia. El hambre adquiere una nueva dimensión para ella, el de “sacrificio necesario”.

Por su parte, Betty, de dieciséis años y con 49 kg, cada jornada va tras su “picoteo” nocturno con obediencia militar. Poco importa que hayan transcurrido dos horas desde la última comida o que una sensación de llenura todavía la embargue, como instada por un chip come con avidez. Lo ligero queda fuera de agenda; por tanto, un plato bien servido de arroz y frijoles es bienvenido aún a las once de la noche.

Como ellas, un número en aumento de adolescentes y jóvenes se enfrascan en abstinencias o excesos. Mientras unas se someten a cualquier banquete que agregue masa a sus “delgadas figuras”, otras seguirán como un mandamiento cada dieta restrictiva que webs, revistas, amigas o incluso antiguos papiros develen.

Y es que al transitar por los primeros años de la juventud, la necesidad de encajar en ideales de belleza influenciados por los modelos sociales del momento—artistas, deportistas u otras figuras públicas— se acrecientan, mucho más en ellas, que deben soportar la presión social de lucir como el mundo ordene.

Durante esta etapa, el espejo se torna especie de obsesión al que recurren constantemente en busca del reflejo deseado, e igualmente el criterio de otros, especialmente de sus iguales, se convierte en designio a seguir.

Es común entonces que repentinamente decidan variar su figura, y para ello se sumerjan en dietas que pueden ocasionar serios trastornos a la salud y la conducta alimentaria.

“Aquí el principal problema es que no existe conciencia de que se transita por un período con necesidades nutricionales especiales, y aunque muchas dietas no resultan saludables a ninguna edad, en esta etapa traen aparejadas graves riesgos”, refiere Darilys Argüelles Barreto, licenciada en Nutrición y Dietética.

“Hasta aproximadamente los 18 años el cuerpo sufre cambios importantes y la alimentación cobra gran valor. Una restricción abrupta de determinados nutrientes puede dejar secuelas de difícil y prolongada solución.

 

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