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El embarazo en edades tempranas es un evento que en la mayoría de las ocasiones genera conflictos familiares y consecuencias para los jóvenes implicados. Es un evento que repercute en la calidad de vida de la madre y la comunidad en general, y que constituye tanto en Cuba como en el resto del mundo un reto a solucionar.
Existe una vasta literatura médica y sociológica, entre otras disciplinas, acerca de la problemática de los embarazos adolescentes, y desde hace tiempo se ha dedicado especial interés en este tema para buscar soluciones en aras de disminuir los efectos adversos que genera.
Los resultados no son nada halagüeños: cifras publicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca de la tendencia al inicio precoz de las relaciones sexuales y su secuela frecuente de embarazo juvenil, lejos de disminuir, se han incrementado.
Para mejor comprensión del fenómeno, baste indicar que una de cada cuatro adolescentes que tengan relaciones sexuales entre los catorce y diecinueve años, quedará embarazada durante los seis meses
Realidad cubana
La introducción de la Educación Sexual como asignatura en las aulas cubanas ha brindado sus frutos, aunque no con todo el peso necesario. Aun cuando la edad de inicio de las relaciones ha descendido, según el Centro de Estudios sobre la Juventud, en el artículo “Una mirada sociodemográfica actual de la juventud cubana” se plantea que “(…) la media de fecundidad promedio en Cuba ronda los veintitrés años y las mujeres menores de treinta años aportaron el 75 por ciento de los nacimientos totales”.
La mala noticia es que, a partir de 2006, la fecundidad de las adolescentes entre quince y diecinueve años ha aumentado. Es un proceso que abarca a la mayoría de las mujeres, incluyendo las mayores de treinta años, y si bien el número de nacimientos se mantiene casi similar, no ocurre lo mismo con el número de interrupciones, en notable ascenso.
Según el mismo artículo: “(…) resulta preocupante por todos los inconvenientes, riesgos y rupturas que ello trae consigo en el orden bio-sico-social para cada una de estas adolescentes. No es en vano recordar que en la década del 80, la fecundidad de este grupo llegó a ser una cuarta parte de la fecundidad total. En ese entonces estrategias y acciones en el orden educativo incidieron de manera significativa en la disminución de este indicador que hoy en día está mostrando un ascenso.
“En consecuencia, las tasas de aborto para las adolescentes que fueron también muy elevadas en ese período y que iniciaron una tendencia al descenso desde fines de los años 90, han vuelto a incrementarse recientemente”.
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