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El calendario nos hace recordar que este 25 de marzo se cumplen 109 años del nacimiento, en La Habana, de un niño hijo de Cecilia Magdalena Mac Partland y Nicanor Mella, al que inscribieron como Nicanor Mac Partland, a partir de una compleja combinación formada con el nombre de su padre y el apellido materno.
En sus primeros años, vivió unas veces con su progenitor y otras al abrigo de la madre. Mientras permaneció con esta en los Estados Unidos, avanzó en sus estudios hasta que al llegar a la enseñanza media, se vio precisado a volver a Cuba para evitar ser reclutado por el servicio militar del país norteño; más tarde se graduó como Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, con solo 18 años.
De inmediato solicitó su ingreso, el 30 de septiembre de 1921, en la Universidad de La Habana, con el objetivo de doctorarse en Filosofía y Letras y en Derecho Civil, lo que marcó un importante hito en su vida.
Ante el anuncio de que se otorgaría el título de Doctor Honoris Causa a Enoch Crowder—un funcionario de Estados Unidos enviado especialmente a Cuba para asesorar al presidente Mario García-Menocal en el manejo de la profunda crisis económica que sufría el país—, el joven Mella se enfrentó, junto a otros estudiantes, a esa propuesta, para impedir que se le entregara la alta distinción académica.
Poco después, Nicanor Mac Partland cambió su nombre y asumió el que lo identificaría desde entonces y por siempre: Julio Antonio Mella. Así, tomó parte en la competencia de carrera de la Universidad, a fines de 1921. Su afición por el deporte lo llevó también a integrar el equipo de remeros Caribe y la Comisión Atlética Universitaria, en la que ocupó el cargo de vice-secretario.
Cuando se organizó la Fraternidad de los Trigésimos Manicatos, los estudiantes eligieron a Mella como el jefe-fundador y a partir de ahí le consideraron con la “categoría” de Hermano Mayor.
A poco más de un año de su incorporación como alumno oficial de la Universidad habanera, su labor se fortaleció y multiplicó en el plantel, donde formó parte del equipo de redacción de la revista Alma Mater desde su creación en noviembre de 1922, y asumió además la responsabilidad de su administración.
Cuando un mes después se creó el Directorio de la Federación de Estudiantes de la Universidad de La Habana, Mella fue electo secretario de esa organización, junto al alumno de Ingeniería y Arquitectura, Felio Marinello, quien ocupó la presidencia.
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