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(Publicado en 2010)
El 26 de octubre de 1946, y con el nombre de Gran Stadium de La Habana o Estadio del Cerro se inauguró, en ese municipio de la capital cubana, la infraestructura de béisbol más grande de la Isla hasta la actualidad, con el juego entre el capitalino equipo de Almendares y el sureño Cienfuegos. Era la primera vez que en el país se reunía tanta gente para un espectáculo deportivo: 31 000 aficionados.
Inmediatamente desplazó como mejor estadio de La Habana al “Pedro Marrero”, que entonces se llamaba “La Tropical”. En 1961 dejó de existir la pelota profesional cubana y al conocido popularmente como El Coloso del Cerro se le nombra Estadio Latinoamericano, o sencillamente el Latino, sede del polémico equipo Industriales desde el surgimiento de las Series Nacionales, .
En 1971 el Latino fue remozado y se ampliaron sus graderías de sol. Actualmente tiene capacidad para 55 000 espectadores, aunque cálculos conservadores aseguran que caben 60 mil personas con los pasillos llenos de público de pie. Sus dimensiones son 325 pies por los jardines izquierdo y derecho, y 400 por el central, respaldado este último por una cerca de unos cuatro metros de altura. En 1999 fueron instalados colchones en todas sus cercas.
En su larga historia beisbolera destaca la primera vez que un equipo de Grandes Ligas jugó en Cuba: se enfrentaron los Orioles de Baltimore y la selección nacional cubana, en 1999. En innumerables ocasiones ha acogido otros eventos de béisbol internacionales y nacionales de cualquier magnitud, excepto olímpicos. Allí se iniciaron los Havana Cubans de la Liga de la Florida.
Es recordado, entre otros, el espectacular jonrón del ídolo azul Agustín Marquetti, que decidió la Serie en 1986, en el inning duodécimo frente al equipo de Vegueros; en ese momento los aficionados se lanzaron al terreno con alborotado regocijo. Fuentes extraoficiales aseguran que nadie ha podido llevar la bola más allá de las graderías de sol.
El Latinoamericano, símbolo indisoluble de la cultura cubana, ha exhibido con orgullo en sus instalaciones variados espectáculos como rodeos, bailables populares y exhibiciones de boxeo, como la pelea del campeón mundial norteamericano Joe Louis contra el estelar cubano Omelio Agramante.
También está íntimamente relacionado con la historia en general y con las luchas cubanas en particular: baste decir que en 1956, en el Estadio del Cerro hubo una manifestación estudiantil encabezada por José Antonio Echeverría contra el tirano Fulgencio Batista.
Recordando al Tintorero
El mejor anfitrión del Coloso del Cerro fue Armandito el Tintorero, fiel fanático y figura emblemática que se ganó un espacio permanente en el corazón de los cubanos. Lo recordamos en cada juego como todo un espectáculo para el público, animando a su equipo de Industriales.
Al morir, en el año 2004, como símbolo de la afición del deporte nacional, el artista cubano José Villa Soberón le erigió una estatua en la misma silla donde por tantos años se sentó. Quienes visitan el estadio allí lo ven, inspirando todavía a los peloteros de la capital del país.


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