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Fina García Marruz
Entre la luz y el silencio
Habanera, nacida entre la luz y el silencio, poblada de sueños y de fantasía, Fina García Marruz parecía —como lo afirmaba su amigo (y esposo de su hermana Bella, ese gran poeta que siempre será Eliseo Diego)—“una muchacha campesina que llevaba consigo todo el amor y la ventura, imantada por la fe y la vida”.

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31 Oct 2014

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(Publicado en 2007)

 

Habanera, nacida entre la luz y el silencio, poblada de sueños y de fantasía, Fina García Marruz parecía —como lo afirmaba su amigo (y esposo de su hermana Bella, ese gran poeta que siempre será Eliseo Diego)—“una muchacha campesina que llevaba consigo todo el amor y la ventura, imantada por la fe y la vida”.

Para ella, y así lo ha afirmado “el hoy humilde, me parece el verdadero alimento”. Y en este sentido, es deudora de aquella poesía mística española del Siglo de Oro, especialmente, de la íntima expresión de un San Juan de la Cruz, muy próxima también al ideario estético y a las virtudes estilísticas y humanas que se explicitan en el poemario de Martí que conocemos como “Versos Sencillos”.

Para esta mujer, madre de los célebres músicos cubanos José María y Sergio Vitier, y compañera en la obra y en el verbo de otro grande de las letras cubanas, Cintio Vitier, la bondad es el alimento de su poesía.

“La poesía no estaba para mí en lo nuevo desconocido, sino en una dimensión nueva de lo conocido, o acaso, en una dimensión desconocida de lo evidente. Entonces trataba de reconstruir, a partir de aquella oquedad, el trasluz entrevisto, anunciador. Relámpago del todo en lo fragmentario, aparecía y cerraba de pronto, como el relámpago”.

En 2007 llegó una noticia verdaderamente conmovedora: en la cuarta edición del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, por primera vez se honraba a una mujer, y esta era nada menos que nuestra Fina García Marruz, una de las más puras voces líricas de las letras cubanas de todos los tiempos, amén de sus virtudes como ser humano.
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Al otorgársele a la artista, quien hace de la palabra su refugio y escribe con plena lucidez a sus 84 años, como en los días en los que fue musa del Grupo Orígenes, el galardón rendía también tributo a las voces femeninas de la lírica iberoamericana, sintetizadas en el paradigma que para la historia literaria hispanoamericana ha sido, y es, la también Premio Nobel Gabriela Mistral, cuya amistad cultivó en su juventud la poetisa cubana.
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Laureada en 1990 con el Premio Nacional de Literatura, que se concede en Cuba como reconocimiento a la obra de la vida, Fina García Marruz es un ser humano de natural modestia, que prefiere mantenerse en silencio entre aplausos y vítores. Una persona capaz de la mayor entrega desde la generosidad del verbo, en su ternura, pero igualmente vibrante, como la hemos visto y escuchado en más de una ocasión, como una paloma con pico de águila.

 

 

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