“No es que no me interese, ni que me guste que todo me lo pongan fácil —agrega María Karla, quien también ofrece sus valoraciones sobre el curso escolar a la revista Somos Jóvenes—.”Es que yo siempre he pasado trabajo para salir bien. Un ochenta para mí es tremenda nota, porque siempre me ha costado trabajo la escuela. Entonces, ¿para qué voy a soñar con la universidad, como dicen los profesores?”
“Pienso que padres y maestros debemos ser cuidadosos en las expectativas que fomentamos entre los muchachos”, reflexiona Elsa Peláez, con más de treinticinco años de experiencia en el magisterio y retirada recientemente.
“Cada estudiante traza sus metas y estas vienen dadas por aquello que ha conseguido con anterioridad, por lo que desea para su futuro y lo que él cree que puede lograr, y este es un proceso que debe contar con acompañamiento. No debemos dejarlo al entusiasmo o al pesimismo, del joven, pues en ocasiones sus expectativas y habilidades no van a la par.
“Si uno es un buen pedagogo, reconoce las capacidades, aptitudes y dificultades de los alumnos, y a partir de esa realidad sabe cómo sacar de ellos lo máximo, eso forma parte de la atención diferenciada y constituye parte esencial de nuestra labor.
“Entonces, así se podrá, junto a la familia, moldear las expectativas docentes de quienes tiene enfrente. Si llevamos ese proceso con eficacia lograremos que sus sueños no queden por debajo o por encima de cuánto pueden lograr, que guarden concordancia con sus potencialidades.
“Nuestra labor no es solo impartir clases, sino también orientar y no para un curso, dos o tres, sino para la vida. ¿Qué voy a estudiar? ¿A qué me puedo dedicar? Me atrevería a jurar que estas son las inquietudes, los intereses en que más se centra parte de los alumnos que entran a la enseñanza preuniversitaria.
“Claro, creo que ese ʿqué hacer con mi vidaʾ sería el objetivo final. Durante el recorrido ellos deben vencer una serie de metas que, en ocasiones, son las que les generan más inquietudes a ellos y sus familias.
“Y en ese sentido, la calidad de la docencia y proyección de los maestros, sin duda, es lo que habitualmente genera mayores preocupaciones debido a las circunstancias actuales”, concluye Peláez.
Inquietudes juveniles
El bachillerato debiera asumirse como el escalón anterior a la universidad. Sin embargo, dicho fin nunca ha sido demasiado exigido. El estudiante que desde hace varias décadas formamos, tiene la posibilidad de perfilarse hacia varios caminos, no siempre relacionados con los estudios mayores.
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