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Arte

La magia imperecedera
La ruralidad, el repentismo, la décima, la porfiada poesía rimada, le dieron la mano a aquel Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé.

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14 Jul 2014

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(Publicado en 2012)

 

 

El criollismo literario, la  necesaria libertad inherente a la literatura que escribió Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, le dieron un espacio privilegiado en las letras cubanas.

Se libró del eurocentrismo tangible de la época para escribir desde la nueva dimensión del criollo que ya se alejaba de la madre Patria para hacer suya no solo la sangre, sino las palabras que brotaban como la nueva isla del Caribe; exuberante como sus olores, colores y clima, como la belicosidad de los hombres y la belleza de sus mujeres.

El Cucalambé es reconocido mundialmente como la figura cimera de la décima, la espinela y las nuevas corrientes literarias que iniciaron el camino de las letras cubanas. De su visión rimada trascendieron innumerables composiciones que han iluminado las sonrisas y nostalgias de cubanos de todas las épocas.

El dulce olor de la tierra fértil
El Cucalambé nació en una población eminentemente agrícola en lo que hoy es la provincia de Las Tunas. El abuelo materno descubrió su inclinación, el talento y la naturalidad hacia la poesía, y lo adentró en los clásicos latinos como Virgilio y Horacio, además de una amplia gama de la literatura clásica española.

Los esfuerzos dieron frutos, y así vieron la luz sus primeras décimas “guajiras” en El Fanal, un periódico de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey, con el beneplácito de lectores y críticos. Luego colaboró con La Piragua, publicación del grupo siboneyista, que abogaba abiertamente por el criollismo y la nacionalidad cubana.

Cuando a la edad de 26 años publicó su poemario “Rumores del Hórmigo”, enseguida se ganó un espacio entre los lectores de la época, y ha llegado a considerársele, incluso, un clásico de la lírica insular.

Su obra teatral “Consecuencias de una falta” fue publicada en 1859. Eran cuatro actos escritos en verso, un alarde de la maestría alcanzada por Nápoles Fajardo en el amplio uso de la rima culta y la improvisación en los textos.

De uno de los espacios más autóctonos de la Isla se nutrió su espíritu; de la tierra fértil del campo brotaron los versos como frutas, dulces al paladar y también finas al oído.

De la sangre a las ideas
El cucalambé era un baile festivo de los negros esclavos, y fue este el seudónimo que eligió Juan Cristóbal Nápoles Fajardo como primera declaración de libertad racial, de la felicidad de los criollos de llevar en la sangre los valores de lo latino y lo africano, la mezcla principal del ajiaco de lo cubano.
 

 

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