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La educación es un proceso de socialización y endoculturación de las personas mediante el cual se desarrollan capacidades físicas e intelectuales, habilidades, destrezas, técnicas de estudio y formas de comportamiento ordenadas con un fin social (valores, moderación de diálogo-debate, jerarquía, trabajo en equipo, regulación fisiológica, cuidado de la imagen, etcétera).
Su objetivo radica, entre otros, en estimular hábitos de integración social, convivencia grupal, solidaridad y cooperación. Lógicamente hablando, las personas cuyos índices de instrucción son altos deben caracterizarse por saber comportarse en cualquier escenario; manejar, lo mejor posible, situaciones de crisis y sobre todo, sobrellevar y tratar a todo tipo de entes.
Hay una tendencia a creer que los maleducados provienen de sectores donde priman el desorden, la descortesía o un pésimo nivel educacional; esto es cierto. Sin embargo, a menudo nos topamos individuos que, a pesar de poseer gran conocimiento y cultura, hacen gala de arrogancia, falta de cortesía y de urbanidad; al creerse superiores a cuanto ser les circunda.
En parte tienen razón: quienes gozan del privilegio de la sabiduría alcanzan cierta superioridad, pero solo en materia de saberes, pues la erudición no hace a una persona mejor o peor. Al contrario, aquellos que tienden a exagerar su propia importancia mediante actos o palabras son dignos de lástima, pues lo único que logran despertar a su paso son sentimientos de desagrado, exclusión, antipatía y decepción. Dejan de ser admirables y toda aquella gnosis es opacada.
Algunos piensan que con un título de licenciatura, ingeniería o maestría lo tienen todo, son irreductibles e imprescindibles, y olvidan que con las normas de cortesía y convivencia se puede lograr mucho. Generalmente nadie se siente aludido; pero invito a quienes lean estas líneas a realizar un análisis de conciencia, con el fin de mejorar, si se ven autorretratados.
También he conocido “personajes” impresionantes por el nivel de conocimiento que poseen; sin embargo, toda vez que he cruzado palabras con ellos el impacto se desvanece y el pedestal queda hecho polvo, porque es evidente que se creen personas superiores y sus modales dejan mucho que desear.
No debe olvidarse que todos venimos al mundo de igual manera y que sin importar qué lugar ocupemos en la vida, seguimos siendo humanos. Como tales, debemos estar dispuestos a extender a cualquiera, con cortesía y sinceridad, nuestras dos manos, palabras y buenos sentimientos.
Fuente: Sitio web wiki_es_2010-01.taxi
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