Las muchachas que le conocieron dicen que tenía muy buena presencia física, de unos cinco pies y diez pulgadas de estatura, facciones regulares, pelo negro, muy carismático aunque de carácter más bien seco; parecía de más edad, aunque hacía sus chistes y sabía divertirse en grupo.
“Ya cuando Manolito estaba en cuarto año —continúa Osmín—, se le promovió a vicepresidente. En las manifestaciones, huelgas y todas las actividades estudiantiles siempre se podía contar con él, tenía la disposición de enfrentarse a la tiranía por cualquier medio y en primera fila.
“Su labor movilizativa fue determinante para que los del Instituto de Marianao se solidarizaran con la manifestación que José Antonio y la FEU organizaron contra el director del Instituto del Vedado, que había implantado en ese centro una disciplina fascista”.
A finales de 1957, según testimonio de Eduardo Delgado, otro de los compañeros de lucha, “el prestigio de Manolito como estudiante serio y disciplinado, sus condiciones humanas, sus magníficas relaciones con todos los compañeros y su vertical posición contra la dictadura, hicieron posible su elección como Presidente de la Asociación de Estudiantes, la que tuvieron que aceptar las autoridades del plantel”.
Tras la huelga estudiantil de febrero-marzo de 1958, Manolito fue expulsado del centro. Por su activa participación como combatiente en la Huelga de Abril de ese año, lo ascendieron a capitán de Milicias del Movimiento 26 de Julio en Marianao.
Según testimonio de Dolores Nieves, “el grupo que comanda se hace sentir en la zona, sus compañeros le recuerdan por su valor probado, la firmeza de sus convicciones revolucionarias, su gran sensibilidad humana”.
Epílogo
Riverito fue ejecutado en una acción del Movimiento a finales de diciembre de 1958. A Ariel Lima lo fusilaron por sus crímenes tras el triunfo de la Revolución. Calviño integró la brigada mercenaria que desembarcó en Playa Girón y fue capturado por los milicianos. “Yo no fui el que mató a Manolito”, gimoteaba en el juicio. Cuando un testigo lo emplazó, solo atinó a decir: “No puedo contestarte”.
La respuesta final la han dado la Historia y el desarrollo del estudiantado cubano en estos años, siguiendo la huella del valiente muchacho de Buenavista.
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