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Aunque su nombre no está olvidado, está lejos del recuerdo que merece. Manuel Sanguily, nacido en La Habana en 1848 y fallecido en 1925, dedicó toda su vida a la defensa de la patria.
Sanguily se opuso a la dominación militar yanqui, la imposición de la Enmienda Platt, el chantaje de las bases carboneras en la bahía de Guantánamo, la segunda intervención estadounidense y la sumisión a Washington en las primeras décadas de la pseudo-república.
Antes, en su juventud, participó con su machete redentor en 50 combates durante la Guerra del 68, y en la vida civil, como Canciller, defendió con vigor la soberanía nacional.
Con su pluma de vigorosa cubanía, escribió libros y artículos en una veintena de periódicos, y con su oratoria alertó sobre la peligrosidad que representaba para Cuba el vecino prepotente y peligroso, mostrando la aguda visión de otros grandes hombres nacidos en la isla.
El arma de doble filo del anexionismo
Manuel Sanguily no tuvo una pausa en su larga existencia, en su prédica por alertar al pueblo de Cuba sobre los peligros del anexionismo y una Enmienda Platt que, en esencia, encarnaba el deseo yanqui de hacer de la Isla una colonia.
En el Congreso, en la cátedra, en el bufete, Sanguily no se cesó de llamar la atención sobre la maniobra norteamericana de adquirir la mayor área de tierra cubana, en el esfuerzo por debilitar la economía nacional como premisa para dominar al país.
En estos días de batalla de ideas, cuando nuestro pueblo está inmerso en la lucha contra las nuevas medidas del gobierno de Estados Unidos, la vida y obra de Manuel Sanguily nos sirven de guía y estímulo.
Él nos enseña, al igual que otros próceres, que las patrañas, ofensas, agresiones y amenazas no podrán quebrar el espíritu de libertad de un pueblo y una Revolución que siguen en pie de lucha.
| (Tomado de http://www.nnc.cubaweb.cu) |


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