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Ciencia y tecnología

Más allá de la piel
Durante siglos el hombre ha buscado diferencias entre sí y ha sido clasificado como negro, indio, blanco o amarillo, definiciones todas basadas en el color de la piel. Pero ¿realmente existían estas razas desde el punto de vista biológico?

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14 Nov 2015

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La polémica está en la realidad. Para unos existen las razas, para otros no. Sin embargo, la conformación del genoma humano deja en claro una evidencia irrefutable: Solo existe una raza humana, la Homo sapiens.

Los científicos sospechaban que las categorías raciales reconocidas durante siglos no se reflejaban en el plano genético. Sin embargo, no fue posible explicarlo hasta mostrar casi por completo el mapa de los genes presentes en numerosos candidatos de los cinco continentes.

La prueba fue sorprendente: ¡Era más fácil encontrar diferencias genéticas entre habitantes de una misma localidad que entre individuos distantes miles de kilómetros!

Se puso en duda todo el arcaico concepto de raza, definiéndolo como un término social, pero no científico. Las pruebas parecen indicar que todos evolucionamos desde el mismo reducido grupo de tribus que hace 150 mil años emigró desde África y colonizaron el mundo.

La evolución de Eva
El estudio de los genetistas humanos ha elaborado una hipótesis que describe la emigración del Homo sapiens desde el continente africano hacia el Oriente próximo, Europa, Asia y a través de Behring hacia la actual América.

En este peregrinar comienzan a ocupar diferentes espacios y entran en conflicto los distintos grupos, que guerrean entre ellos  o simplemente se reproducen, imponiéndose sobre los habitantes originarios. De ahí proviene, según esta teoría, la similitud genética entre la mayoría de los humanos que habita este planeta y, por ende, la concepción de una raza única.

El color de la piel y determinados rasgos faciales que eran considerados como patrones para reconocer la pertenencia a un grupo u otro, conforman apenas 0.01 por ciento del paquete genético de una persona. Esos son rasgos controlados por un número relativamente pequeño de genes; la otra cantidad, unos tres mil millones de subunidades, demuestra la aplastante similitud entre todos los habitantes de la especie.

Cada día, con los nuevos descubrimientos del mapeo humano, parece más acertada esta teoría de una raza única. Aunque atrás ha quedado (al menos en la mayoría del mundo civilizado) el tratamiento de “salvajes” o “animales sin alma” que llevó a justificar la esclavitud, en el procesamiento social aún quedan rezagos intelectuales que estiman a unos inferiores a otros por el tono de la piel o los rasgos de sus ojos.

 

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