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Historia

Masó, un presidente cubano casi desconocido
Bartolomé Masó Márquez es uno de los grandes olvidados de la historia de Cuba. Sin embargo, pocos hicieron por la Patria tanto como él
1 Jul 2015

 

 

Bartolomé Masó Márquez es uno de los grandes olvidados de la historia de Cuba. Sin embargo, pocos hicieron por la Patria tanto como él.

Nació el 21 de diciembre de 1830 en una finca próxima a Yara. De joven cultivó la poesía. Sus composiciones aparecieron en publicaciones de Santiago de Cuba, Bayamo y Manzanillo. Pronto, cambió la pluma por el machete.

Masó  acompañó al Padre de la Patria en el alzamiento de la Demajagua y participó en el combate de Yara; fue uno de los 11 hombres que quedaron junto a Céspedes tras la derrota.

Designado Segundo Jefe del Ejército Libertador, renunció para que en su lugar lo ocupara alguien más apto, pues reconocía su impericia en el arte militar. Posteriormente desempeñó funciones en el gobierno antes pasar nuevamente al Ejercito Libertador como soldado raso. Fue el único prócer iniciador de la contienda que tuvo que ganarse grado a grado las estrellas de general.

Rechazó el Pacto el Zanjón y se sumó la Protesta de Baraguá. Estuvo involucrado en los preparativos de la Guerra Chiquita, fue detenido y sufrió prisión hasta 1881.

Participó en la organización de la Guerra del 95 y con 64 años se alzó el 24 de febrero en Bayate. Guillermón Moncada, máximo líder del levantamiento en Oriente, al caer gravemente enfermo delegó en Masó el mando hasta la llegada de Gómez y Maceo.

Una delegación del Partido Autonomista integrada por varios de sus compañeros de armas durante la Guerra de los Diez Años visitó a Masó para convencerlo que abandonara la lucha.

Entre los antiguos combatientes se encontraba el ex coronel mambí Juan Bautista Spotorno, quien incluso había ocupado el cargo de Presidente de la República en Armas. Su mandato se había hecho famoso por el llamado Decreto Spotorno, que establecía que cualquiera que hiciera proposiciones de paz sin independencia debía ser ejecutado. Masó le ordenó a Spotorno que abandonara el campamento de inmediato si no quería que se le aplicara la ley que llevaba su nombre.

Un hecho habla de su honestidad personal. Antes de alzarse dio instrucciones a su esposa, Francisca Rosales, de pagar todas las deudas contraídas en virtud de los negocios.

Por su prestigio, en septiembre de 1895 fue designado vicepresidente de la República en Armas durante la  Asamblea de Jimaguayú. Y en octubre de 1897, en la Asamblea de La Yaya, fue electo Presidente. En el desempeño de esos cargos tuvo serias discrepancias con Maceo y Gómez acerca de la conducción de la guerra.

Tras la intervención militar norteamericana, en las primeras elecciones presidenciales republicanas contendió con Tomás Estrada Palma. Ante las evidencias de amañamiento, se retiró sin hacer caso a quienes lo exhortaban a desatar una guerra fratricida.

Masó murió el 14 de junio de 1907 en su finca, cerca de Manzanillo, alejado de la politiquería imperante. Patriota integro; no estaba dotado de grandes cualidades guerreras y cometió errores como cualquier hombre, pero puso la independencia y la libertad de la Patria por encima de todo, y no se cansó ni traicionó cuando muchos otros lo hicieron.

 

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