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A principios de los años 90 del siglo pasado, una peculiar sociedad se creaba a través de Internet. Nombrada “la comunidad de la seducción” reunía a un grupo de hombres que se hacían llamar “artistas del ligue”. Su principal objetivo en la vida: compartir técnicas para cautivar y “ganarse los favores” de las mujeres.
La sola existencia de esta peculiar asociación, el interés sostenido de antiguas y actuales generaciones por el tema, así como los innumerables textos dedicados a compartir tan codiciados secretos, constituyen muestra irrefutable del constante afán del ser humano por dominar las habilidades para cautivar.
Dentro de ellas, el conocimiento del lenguaje no verbal ha llevado el liderazgo si de encantar a otros se trata. Y es que dentro de los rituales previos al noviazgo o al acto sexual, incluso entre aquellas especies que practican el último únicamente con fines de procreación, las manifestaciones corporales constituyen la principal y más efectiva estrategia. Quienes mejor las interpretan generalmente logran las más jugosas ganancias.
Si pudiésemos cotejar, por ejemplo, las historias de vida de personajes ensalzados por ser grandes seductores(as), seguramente se haría referencia a su destreza para interpretar los mensajes silenciosos que les enviaban las personas objeto de deseo.
Quizá el ejemplo más representativo a través del tiempo haya sido el italiano Giacomo Casanova, hombre de múltiples y dudosos talentos. Según refieren algunas bibliografías, indistintamente incursionó como narrador, soldado, predicador, filósofo, violinista, alquimista, hombre de negocios, diplomático y, por supuesto, insaciable amante.
Excluyendo esta última, a las citadas ocupaciones se dedicó de manera ocasional, sin motivaciones demasiado serias. En cambio, pronto notó que podía obtener determinados reconocimientos cuando se precisaba del intercambio con otros. Comprendió, entonces, que el “don de gentes” le abriría muchas puertas.
Haciendo un uso eficiente de su talento sedujo a cuantas mujeres pudo, como parte de una filosofía de vida dedicada a la obtención del placer sexual a cualquier costo.
Fue este último apartado el que lo convirtió en personaje célebre para sus contemporáneos. A los 49 años había robado el corazón y la “honra” de alrededor de 130 damas, cifra nada despreciable aun para los más versados. Su éxito: saber entender el lenguaje gestual.
“Y siempre busqué lo puro en el mirar”
Con solo 44 músculos, nuestro rostro puede componer 15 mil expresiones. No por gusto se afirma que “la cara es el espejo del alma” y los ojos, podríamos agregar, la prueba más fiel de cuanto realmente sentimos.
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