El contacto ocular estimula emociones y constituye un elemento importante en esa primera etapa de exploración, según sea la forma y duración, ya que está relacionado de forma directa con el agrado.
Al toparnos con los ojos del otro, casi siempre sabemos cómo se siente, y se crea una especie de complicidad entre quien observa y el observado. “Cuando alguien nos gusta, la mirada juega un papel fundamental —afirma Javier Guzmán, de 16 años—. Uno le da una intencionalidad y la otra persona generalmente se da cuenta de nuestro interés. Es la intensidad, el tiempo que dura e incluso la dosis de zalamería y picardía que le agregas la que marca la diferencia con otras maneras de mirar”.
Al respecto, la licenciada en Psicología Mara Mejía afirma que “en la mayoría de las conversaciones existe un notable contacto visual entre quienes intervienen, resultando poco fiables las personas que evitan esta acción. Ello se debe a que la misma, bajo cualquier circunstancia, constituye aspecto importante en la comunicación no verbal, pues permite complementar, corroborar lo que se dice o matizar su contenido”.
Por su parte, Yesenia González, de 16 años, agrega: “Las miradas en ocasiones tienen que ir acompañadas de otras acciones, como tocarse el pelo, saborearse o juguetear con los labios de una manera sutil y sonreír para que la señal llegue sin posibilidad de equivocaciones”.
Para algunos como Lauren Ojeda y Delso Fernández, quienes ya sobrepasan los 35 años, dicho acto constituye una de las manifestaciones más disfrutables, y se apela a ella con mayor fuerza durante las etapas de la niñez y la adolescencia, en las cuales se desconocen otras expresiones para mostrar que alguien nos gusta.
Alfabeto corporal: lenguaje paralelo
Según estudios del profesor norteamericano Albert Scheflen, “al enamorarnos las arrugas del rostro y las ojeras tienden a mostrarse menos. El rostro se hace más vivaz, la mirada más brillante, los músculos se ponen tensos, y la postura, entonces, se hace más erguida e incitante. La piel se energiza pareciendo rejuvenecerse y se altera el olor del cuerpo”.
Detrás del imperceptible proceso están las hormonas. Su papel radica en preparar nuestra figura para un juego antiquísimo que muestra quién posee y debe perpetuar los mejores atributos físicos de la especie.
Así que la frase tan conocida: “Te ves radiante, ¿no estarás enamorado?”, tiene su razón de ser. El estado emocional de la seducción lo justifica.
El cuerpo, de acuerdo con los expertos en comunicación no verbal, habla un lenguaje más sincero que los labios. Todos coinciden en que resulta inútil ocultar nuestras intenciones. Con las miradas, posturas y gestos decimos más de nosotros mismos que si empleáramos un discurso plagado de palabras.
Quizá pocos conozcan que en el impacto de un mensaje, solo 7% es verbal y 38% vocal. El restante 55% recae en el lenguaje no articulado. Este delata nuestros sentimientos y envía miles de señales, mucho más cuando conversamos con otros.
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