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Ineficiencia, doble moral, imposiciones, burocratismo, conforman una buena cuota del descontento que se acumula El desánimo proviene de diferentes vertientes y va implicando en ello a innumerables individuos.
Como alertó Fidel, la Revolución puede ser vulnerable, la corrupción y el burocratismo son de los principales males que empañan nuestro proceso.
Juventud y política
“Si se examinan los más conocidos textos de ciencia y sociología política entre los medios académicos e intelectuales de nuestra región, podremos constatar que en ellos apenas se hace referencia a la juventud o los jóvenes y a su relación con la política, empeñados sus autores en esclarecer los problemas propios del sistema político, el poder, los partidos, la democracia, la participación y la gobernabilidad, entre otras cuestiones.
“Semejante omisión ocurre a pesar de las preocupaciones suscitadas entre los políticos desde mediados del siglo pasado, cuando la juventud se hizo visible y comenzó a ser valorada como un peligro para el sistema social imperante.
“Sin embargo, la juventud constituye una de las estaciones de parada fundamentales por donde transita la política”.1
El Che destacaba el papel fundamental de la juventud en la actividad política que “en el momento que se sale de la adolescencia se pone al servicio de los ideales más puros. Después, los mecanismos sociales en los diversos regímenes de opresión en que se vive pueden ir cambiando esta estructura mental”. 2
Se refería a la orientación de la conducta de los jóvenes por simbolismos o ideales, como la democracia o la solidaridad, pero que tarde o temprano sucumbe este ímpetu ante los intereses de clase. La decisión de participar voluntariamente en actividades políticas obedece a un sentimiento de integridad, de valor personal y autorrespeto, el defender una posición que se ha hecho propia, la esperanza de lograr metas por medio de la acción colectiva.
Entre los años 1999 y 2009, en Cuba se aplicó una nueva estrategia de desarrollo con énfasis en el orden social en la cual los jóvenes y sus organizaciones asumieron un papel relevante. La Batalla de ideas y los Programas de la Revolución abrieron una nueva etapa en la participación juvenil en general. 3
Sin embargo, pese al mencionado incremento, este ha sido eminentemente movilizativo, lo cual no constituye un rasgo distintivo de los procesos participativos vinculados al ejercicio de poder 4
Dicha participación formal, y en general la atención a los asuntos que se debatían y a los cuales no se les daba el correcto tratamiento en todas las ocasiones, abrieron espacios para la rutina y la superficialidad. Se le otorgó mayor interés al cumplimiento que a los resultados, lo que afectó la calidad de la participación y repercutió negativamente en la formación de las nuevas generaciones, ya que no se lograba asegurar su participación “real”.
Por ello, algunos jóvenes perciben como rutinario y aburrido el quehacer sociopolítico, lo cual limita las motivaciones y el desarrollo del sentido de pertenencia. De esta manera, se va produciendo gradualmente la oposición entre lo institucional oficial y lo informal, propio de la vida cotidiana, que ocasiona manifestaciones sociales disruptivas con efectos desintegradores.
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