Por
Otros trabajos del autor
13 Oct 2014
9 Jul 2018
4 Jun 2015
4 Feb 2017
9 Oct 2014
28 Jul 2016
16 Jan 2017
15 Sep 2014
15 Oct 2014
19 Nov 2014
SJ: Hacia mediados del siglo XIX el gobierno colonial español decretaba la Ley del Bandolerismo en Cuba. Entonces se consideraba “peligrosos” a quienes profesaran creencias de origen africano y se orquestó una campaña del “miedo al negro”, especialmente a los ñáñigos, cuya pertenencia per se clasificaba como delito. ¿No pudiera equipararse la Ley de la Peligrosidad actual una revitalización de la antigua Ley del Bandolerismo, amparada muchas veces por estereotipos y prejuicios?
“Las comparaciones son siempre riesgosas, más aún cuando no están delimitados de manera previa y clara los criterios que las fundamentan, por lo tanto no pretendo hacerlas.
“No creo que es válido tal comparación, aunque acotaré lo siguiente: ambas, al menos, tienen en común el interés de ‘defender, proteger a la sociedad’, pero sabemos la connotación clasista de ese tema y sus limitaciones reales e implicaciones. Es preciso retomar la alerta definitoria de Lenin acerca de las políticas: ‘¿A quién benefician?’ Ello es decisivo en cualquier análisis.
“Hoy no existe una ley de peligrosidad en Cuba, sino una institución regulada en nuestro Código Penal. Sin embargo, son muy diferentes no solo por su instrumentación, sino por los impactos sociales que generan. En mi opinión, esa obsoleta institución del Derecho Penal debe desaparecer, en pro de mecanismos más eficaces y democratizadores. Ayer y hoy se han generado mitos que deconstruir en torno a ella, también excesos e incomprensiones”.
SJ: ¿Tiene “color” el delito?
“La sobre-representación de los negros en las tendencias delictivas en Cuba es un problema derivado de las desigualdades sociales, que cobran un significado histórico cultural. Ha sido demostrada la reproducción de la desventaja social, siempre que continúen actuando factores facilitantes a escala macro y micro sociales.
“Esta tendencia hoy se refuerza con estereotipos que se distancian de los comportamientos actuales de la delincuencia en general y en particular la delincuencia juvenil, con su nueva fisonomía social que muestra un rostro más blanco, mayor inserción laboral y escolar, mayor nivel de instrucción y otros tipos de familia interactuando.
“Los estereotipos tienden a sedimentarse, más allá del cambio, reafirmando posiciones de aislamiento, marginalidad, pobreza y exclusión".
| Sigue... |


Escribe aquí tu comentario