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Arte

La muchacha del Escaramujo
La predilección de Katerine Barbón por los colores y el caballete la heredó de sus padres, quienes son también artistas
14 Ago 2016

 

 

COLOMBIA, Las Tunas.— A sus 26 años de edad, Katerine Barbón Pérez ha hecho del arte el sentido de su existencia. Para esta joven tunera no hay obstáculo que se interponga en el ejercicio de su profesión. Tal vez por esa insistencia suya en enseñar todo lo que sabe es que la vida le ha dado tantas gratificaciones.

“Me gradué en el 2008 en la especialidad de Pintura, en la Academia de Artes Plásticas tunera”, manifiesta. “Desde entonces laboro en la Casa de Cultura de mi municipio. Es un trabajo muy gratificante, porque me ha permitido conocer de primera mano cuántas potencialidades artísticas poseen los niños”.

La predilección de Katerine por los colores y el caballete no le llegó “por amor al arte”, como dice la frase popular. La heredó de sus padres, quienes son también artistas y profesores de academia. Ella se crió en ese ambiente. Así, desde muy pequeña se les hicieron familiares los pinceles y las crayolas.

“Cursaba la enseñanza primaria, y por instinto, comenzó a gustarme la técnica mixta. Siempre andaba pegando ‘cosas’ o creando collages. Mis libretas escolares estaban llenas de dibujos. Los hacía mientras mis maestros impartían sus clases. Recuerdo que eso me hizo ganar más de un regaño”, admite esta joven creadora.

Al concluir noveno grado, y con varias ofertas de estudio para elegir, optó por seguir el rumbo de sus progenitores en el mundo del arte, “aunque ellos no influyeron para nada en mi decisión”. Entonces se presentó a la prueba de aptitud, aprobó y al comenzar el curso matriculó en la academia.

“La escuela me hizo cambiar mis ideas sobre el arte y me aportó elementos nuevos sobre escultura, pintura, cerámica… También me quitó la ingenuidad artística, porque me mostró que el arte pictórico va mucho más allá de pintar florecitas. Yo sentí llegar a un mundo de conceptos, novedades y tendencias. En el orden profesional, me convertí en una persona diferente”, asegura.

Un momento trascendental para Katerine fue la discusión de su tesis, titulada “El silencio de los excluidos”. Tuvo por sustento el existencialismo, y como tema la muerte del alma. Su referente fueron las personas alcohólicas que, en no pocas oportunidades, carecen de motivaciones para vivir.

 

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