Hasta los años 90 del siglo pasado los científicos no fueron conscientes del problema existente. La amenaza disparó las alarmas en varios laboratorios y comenzaron a realizarse los primeros estudios acerca de la acidificación marina. Eran experimentos muy sencillos: se tomaba un animal determinado, se introducía en aguas manipuladas y se analizaba su desarrollo bajo estas condiciones.
Los resultados demostraron que las principales afectadas eran aquellas especies que se revisten de cal. A las algas, caracoles y otros que extraen del agua los componentes de sus conchas, a medida que descendía el pH les resultaba más difícil obtener lo necesario para conformarlas; debían invertir más energía para conseguirlo, en detrimento de otras actividades como, por ejemplo, la reproducción.
Algunos tipos de peces mermaban su capacidad olfativa y visual, lo que disminuía drásticamente sus posibilidades de supervivencia. En cambio se beneficiaban, por ejemplo las algas grandes que, debido a la mayor oferta de dióxido de carbono, crecían sin parar.
Pronto los científicos se dieron cuenta de que la versión reducida de los laboratorios no brindaba un panorama real de la situación. Por eso decidieron irse a los mares a estudiar este efecto y así tener una mejor comprensión del porvenir.
Pruebas en el mar
Ulf Riebesell, un experto alemán en Oceanografía Biológica, propuso al inicio del siglo XXI la necesidad de estudiar ecosistemas completos a largo plazo para tener una visión clara del proceso.
Se fue al medio natural y sumergió en varios puntos de las costas unos gigantescos “tubos de ensayo” llamados “mesocosmos”, que en un principio fracasaron por la erosión marítima. Estuvo a punto de rendirse ante los constantes fracasos hasta que, en una última oportunidad, los recipientes de más de veinte metros de profundidad, resistieron y pudieron brindar por primera vez resultados. Así, flotaron en el Atlántico, en el Báltico, en los fiordos suecos y en las costas de Canaria.
Este es un proyecto que recorrerá el mundo y analizará localmente la influencia del cambio climático y la acidificación de las aguas. El plan se mantiene debido a los resultados que se obtienen y permiten valorar cómo será el futuro terrestre si se continúa actuando tan “desequilibradamente” en aras del desarrollo y pronosticar cuáles serán las consecuencias de esto en el medio marítimo.
Bomba biológica
Los biólogos marinos explican que el océano pudiera interpretarse como una inmensa cinta transportadora. Hasta ahora el dióxido de carbono era trasladado con grandes cantidades de material orgánico hacia las grandes profundidades y allí se depositaba por largo tiempo.
Sin embargo, la acidificación ha provocado en ciertas regiones que se desarrollen grandes cantidades de fitoplancton, células más livianas y que, por lo tanto, no caen al fondo, sino que permanecen flotando y ahí se descomponen volviendo a liberar el gas a la atmósfera
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