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Sexualidad y salud

Otras puertas al placer (Cont.)
23 Ago 2015

 

 

En la Grecia antigua, por ejemplo, era también sinónimo de superioridad masculina, pues se obligaba a la mujer a adoptar una posición física de sumisión.

En Roma, civilización que también determinó modos de comportamiento que se perpetuaron durante mucho tiempo, no estaba permitido que se realizara entre los llamados ciudadanos. En cambio, no existía impedimento si se efectuaba con un esclavo o esclava.
 
Pero, sin duda, influencia de culturas como la judeocristiana, y sus conceptos sobre el sexo únicamente con fines reproductivos, han marcado el rechazo que durante centurias ha seguido al coito anal.
 
Posteriores indagaciones hicieron comprender que el sexo tiene fines más amplios que el meramente reproductivo y, por tanto, todo aquello que en dicho sentido genere disfrute y no violente los deseos de la pareja, puede ser asumido como válido.

Abrir la puerta
Placer y dolor constituyen términos que sintetizan las opiniones sobre coito anal. Y es que, aunque puede llegar a ser un acto muy placentero, se precisa de paciencia, sobre todo de quien penetre.
 
“Lo más importante es estar bien excitado, y se logra con muchos besos, caricias, juegos sexuales como la masturbación o el llamado beso negro, donde se estimula esa zona con la boca o lengua —refiere Leandro Álvarez, promotor de salud—. De esa manera, resulta más fácil introducir el pene, y ambas personas pueden disfrutar plenamente”.
 
Si bien para el hombre suele resultar muy satisfactorio, pues a través de él se estimula más directamente al punto G masculino; para las féminas, igualmente, puede constituir un momento de máximo clímax.

En el caso de ellas, especialmente las más jóvenes, lo utilizan como vía para preservar su “virginidad” o prevenir el embarazo, y en otras ocasiones para complacer a su pareja. No sentirse preparadas les generaría mucho dolor por la lógica resistencia de los músculos anales.

Activando simultáneamente diferentes zonas erógenas como el clítoris, punto G y el propio ano, se evitan molestias y dolores, contribuyendo a un mayor disfrute.

Es necesario señalar que ano y recto están diseñados para expulsar el bolo fecal. Por mucho cuidado que se tenga, emplearlo en procedimientos totalmente opuestos a su fisiología, ocasionará daños que pueden llegar a ser irreversibles.

Como normalmente el músculo del ano, esfínter anal, se encuentra cerrado, el sexo por esa zona podría ser doloroso si previamente no se tiene la precaución de distender este músculo. Se han dado casos en los cuales termina dilatándose de manera permanente, provocando recurrentes molestias.

 

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