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Cada vez son menos los jóvenes que acuden al matrimonio, quizá porque la dinámica social ha cambiado. Pero, para analizar el fenómeno, hay que mirarlo desde sus múltiples aristas, porque intervienen diversos factores.
“La crisis económica y la falta de mercado laboral no permiten que los jóvenes se independicen de la familia y hacen que asuman su papel y su responsabilidad de adultos más tardíamente, además los jóvenes comienzan más temprano a tener relaciones sexuales, pero la maduración psicológica como individuos independientes se ha retardado; por eso, la mayoría de ellos prefiere las uniones consensuales a los matrimonios tradicionales”, aseguró la doctora Patricia Arés, presidenta de la Sociedad de Psicología de Cuba, en un trabajo publicado por el diario Juventud Rebelde.
Una encuesta realizada en La Habana a 15 jóvenes, entre 16 y 22 años, arrojó que 11 de ellos prefieren vivir en pareja libremente, sin mayores compromisos, y solo cuatro aspiran a casarse si las condiciones se lo permiten.
Pablo Martínez, estudiante de la Universidad de La Habana hace cinco años vive con su novia en casa de su abuela y dice que no necesita ningún papel para eso, así es feliz, pues “casarse solo sería desaprovechar el dinerito que podemos conseguir y que hace falta en cosas más urgentes que una boda”.
En cambio. Patricia Fonseca, graduada de técnico de nivel medio en Contabilidad, asegura: “Yo conozco a mi novio hace dos años, él dice que para qué casarnos, si así nos va bien, pero yo ya estoy trabajando y puedo ahorrar, quiero verme vestida de blanco aunque sea una boda sencilla”.
“Probablemente si le preguntamos a un grupo de jóvenes qué familias quiere formar, algunos destaquen criterios más relacionados con su funcionamiento que con su estructura, en otras palabras, no hablen de familias nucleares o extensas, sino de armonía, de diálogo”, refiere Yohanka Valdés Jiménez, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).
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