Papeles (in)definidos
Atrás ha quedado la etapa de los Picapiedras. Antes, el varón patriarcal se encargaba únicamente de garantizar la seguridad económica familiar, dejando todo lo demás al cuidado de la madre. En este siglo XXI, el rol de padre a la usanza “troglodita” va quedando atrás.
La incorporación de la mujer al mundo laboral ha tenido que ver mucho en esto, pero también la concienciación de cuán importante es el padre en la crianza de sus hijos. La mayoría de los padres de la actualidad debe combinar el trabajo, las tareas del hogar, la educación de su descendencia.
En tiempos pasados, ellos eran demasiado autoritarios, y literalmente les costaba mostrarles cariño. Esto causaba que los menores crecieran con cierto temor hacia la figura paternal. Hoy los nuevos papás son más dulces, juguetones y cálidos que los de ayer, lo cual ha beneficiado la concepción familiar y el entorno de muchos niños.
Cada día se ven más hombres comprometidos. En algunas sociedades no es raro hallar al varón ocupándose de labores domésticas, mientras la madre, por tener mejor posición laboral, se encarga de trabajar.
La emancipación femenina ha dado al traste con el apotegma machista que pregonaba “el hombre en la calle y la mujer en la casa”. Actualmente los papeles se funden y la unidad familiar implica tareas que no son exclusivas del género.
Pero, ¿hasta dónde ha llegado este fenómeno en la sociedad cubana actual?
Escala nacional
Los estudios sobre los varones y la masculinidad son muy recientes en Cuba, de ahí que se torne muy difícil ofrecer evidencias empíricas y datos acerca de la vinculación de los hombres con este tema.
Las expectativas acerca del rol paterno en Cuba son asociadas, por lo general, al papel de “buenos padres”, pero no existen muchos referentes al respecto y los modelos más presentes son aquellos vinculados a la paternidad tradicional (impositivos, poco tiernos y limitados al rol de proveedor), si bien cada vez más se presentan nuevas maneras de ser papás más cariñosos, conciliadores y comprometidos con el cuidado de los hijos.
La sociedad cubana continúa siendo machista, aunque en los roles familiares haya cada vez más espacio para la interacción y sentimentalismo paterno. Reuniones de padres, viajes en familia, labores domésticas, asistencia al médico… son espacios donde es posible encontrar a progenitores, y en los que antes solo veíamos a la madre acompañada, quizá, por alguna compasiva abuelita.
El exclusivo papel de suministrador de bienes del hombre se ha desplazado hacia uno más íntimo y solidario, pese a que el papel fundamental es aún el de abastecedor.
Para nadie es raro encontrar al “hombre de la casa” cocinando. Fregar ya no es distintivo de las féminas. Ir con el niño a la escuela es una tarea compartida.
| Sigue... |


Escribe aquí tu comentario