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Ciencia y tecnología

Paraíso urbano
Llegar al centro del municipio capitalino de Guanabacoa asemeja un corto viaje en el tiempo. Bajo ese influjo, buscamos la Granjita Feliz

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14 Ago 2015

 

 

Llegar al centro del municipio capitalino de Guanabacoa asemeja un corto viaje en el tiempo. Ante su arquitectura, con predominio de lo antiguo, donde cada morada luce como entrelazada con otra, y al doblar cada esquina pareciese que emergerán figuras de casacas inglesas o jefes españoles, no puedes menos que retrotraerte en el tiempo y respirar aires coloniales.

Bajo ese influjo, buscamos la Granjita Feliz. Además de las entrecalles y número indicados, nuestro equipo intentaba toparse con un terreno donde el verde eclipsara la vista, o que al menos, un portal rebosante de macetas fuera nuestra bienvenida.

Por ello nos sorprendió la peculiar ubicación del sitio. Para acceder a él era necesario subir al cielo, y solo allí empezaría el milagro.

Luego de traspasar el corto zaguán, una escalera marcaba el recorrido, y justo en lo más alto, nos esperaba Luis Darío Matos. Nuestro orgulloso anfitrión, acompañado de su esposa Elizabeth Frómeta (Lissy) y el joven Alejandro, desbordaba una pasión capaz de enrolar al mismísimo dios de la pereza.

No hicieron falta demasiadas preguntas. Su memoria vivaz y la enorme complacencia hacia su trabajo lograban que datos, anécdotas y profundos análisis sobre cunicultura y agricultura familiar y urbana brotaran sin mayores esfuerzos.

Pero, ¿quiénes son Darío, Lissy y Alejandro?

A nuestra redacción llegó la noticia de cierta familia destacada en lo relacionado con producción de animales y siembra de plantas. Hasta aquí, una vocación semejante a la de varios hogares de cualquier parte de Cuba.

Sin embargo, algo los distinguía cuando las repercusiones de su labor sobresalían por encima de otras. Por solo citar un ejemplo, desde su “pequeño terreno” pretendían hacer realidad un antiguo deseo de nuestro líder histórico: fomentar ganaderías cunículas y convertir a la Isla en uno de los primeros productores de conejos del área. No de puercos, ni gallinas o carneros, sino de conejos.

La carne de este mamífero ha sido considerada un manjar de reyes. Por sus valores nutricionales, muchos especialistas afirman que, junto al pescado, deviene lo más sano y nutritivo que podemos tomar del mundo animal.

No en balde, Fidel la señalaba como alternativa  para elevar nuestra calidad alimentaria. El arribo del período especial y el desconocimiento sobre la valía de su carne, distanció a los cubanos de esta posibilidad que, ahora incentivada por proyectos como la Granjita Feliz, quizá podrá verse materializada.

Ante tamaño objetivo, no pocas miradas se han vuelto hacia la morada guanabacoense, donde luego de mucho trabajo y preparación, se va cimentando el camino para ese y nuevos empeños.

 

 

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