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De 1970 a la actualidad, la cantidad de separaciones oficiales casi se triplica, y la tasa de divorcialidad en la isla mayor de las Antillas resulta una de las más altas de Latinoamérica: 60 divorcios por cada 100 matrimonios oficiales, sin contar la disolución de las uniones no formales.
El año pasado, la Oficina Nacional de Estadísticas registró un total de 58 mil 490 matrimonios, y 32 mil 318 divorcios. En 2010 hubo un leve descenso en el número de esas separaciones —unas dos mil menos—, pero hasta ese momento la empinada curva de divorcios se mantenía casi estable.
Este signo que hoy acompaña a la familia cubana —junto con el incremento de las uniones consensuales en detrimento de las formales—, no puede verse aislado del contexto en que alienta ese grupo humano. Por tanto, dificultades en la convivencia a partir de los problemas con la vivienda o la falta de ella, la violencia en el hogar y la ausencia de privacidad son algunos de los motivos que llevan a quitarse los anillos.
También entre las razones que ensombrecen a la pareja conduciéndola a su ruptura, se incluyen el desamor; la falta de comunicación, afinidades y proyectos comunes; los celos y la infidelidad. Sobre esta última conducta, la psiquiatra Ileana Trevín apuntó recientemente en el espacio televisivo capitalino “Revelaciones”, que en 8 de cada 10 parejas se cometen infidelidades, aunque de ellas una sola se rompe.
A pesar del significativo número de separaciones, no todos los especialistas arrugan el entrecejo al interpretarlo, y tampoco una parte de los habitantes de este país lo ve con los tintes de drama que acompañara a dicho suceso en épocas pasadas. Marilyn recogió no hace tres meses su certificación de divorcio y nadie diría que anda de duelo; al preguntarle, responde sin que le tiemble la voz: “Mejor sola que mal acompañada, ¿para qué quería yo vivir al lado de alguien que me trataba como a un trapo de cocina?”.
Es muy probable que en el siglo XIX hubiera sido bien diferente la conducta de esta joven de 29 años, técnico medio en Gastronomía. Pero desde 1918 fue dictada la Ley del divorcio vincular en este país. Con anterioridad, el divorcio era canónico y establecía la separación solo de los cuerpos, nunca del vínculo conyugal.
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Yo creo que en el amor las edades no importan, siempre y cuando sea por ariesgarse a amar.