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Moda

Peinarse, o no peinarse
Los rizos son ventajosos para la gente como yo que, por falta de tiempo o de paciencia, cree que “cepillo” y “peine” son malas palabras
12 Jul 2018

 

Actualmente hay un boom de pelo lacio. Ya los rizos han quedado en las vitrinas como recuerdos de épocas anteriores. Las modelos, tanto las de pasarela como las de los videos (que últimamente son hasta más conocidas), pagan astronómicos precios por tener un pelo chino.

Yo, un poco como Dulce María, no quiero las cosas que todo el mundo puede tener, me niego a renunciar a mis bucles.

Y es que, a contracorriente, los rizos son ventajosos para la gente como yo que, por falta de tiempo o de paciencia, cree que “cepillo” y “peine” son malas palabras. El pelo crespo no se peina. Repito: NO SE PEINA. Una cabeza con crespitos, peinada, parece una casa de campaña. El swing de las ondas es precisamente la idea de libertad.

Cierto que la moda en Cuba impone largas cabelleras lacias, y si ese es tu estilo, pues bienvenido sea. No obstante, usualmente mamá natura no se equivoca y el pelo con el que viniste al mundo es el que mejor te acomoda.

La queratina y otros tantos productos que repletan los estantes de las peluquerías son, a pesar de todo, químicos que alteran la estructura capilar y pueden ser dañinos a largo plazo. Y no menciono los precios por temor a las alturas. Vaya, que hay que ser Sotomayor para alcanzarlos a veces.

Conozco personas que viven en las peluquerías tratando de lograr el aspecto “moderno” que se usa ahora. Sin embargo, son las mismas que, si van a la playa, no se mojan la cabeza porque, y cito textualmente: “la queratina no puede ver la sal”. Si ese es el precio, si el peinado implica dejar de disfrutar al máximo los momentos, paso.

La gente que no se despeina, no se divierte. El mar, despeina. Jugar, despeina. Correr, despeina. Reír a carcajadas, despeina. Y ni hablar del baile… eso desordena todo.

Todas las cosas buenas de la vida hacen que uno se desgreñe. Incluso besar.

¿Se imaginan abrazando a alguien y que de repente suelte: “No, no me toques la cabeza que me despeino”? Esa es la frase más anti-sexy del mundo.

Ojo, que conste que no promuevo el despeine como forma de vida. ¡Que hay que lavarse la cabeza y peinarse semanalmente! Defiendo sencillamente el valor de las cosas simples. No hay que estar el día entero delante de un espejo acomodándose cada hebra para ser feliz. El gel está sobrevalorado.

Con el tiempo, vas aprendiendo que lo mejor que puedes hacer es dejar de preocuparte y estresarte por cosas que no valen la pena. El pelo es una de ellas.

A quien de verdad te quiere por lo que eres y no por cómo luces, no le va a importar un comino si tu pelo es lacio, rizado o tiene enanitos verdes. Tampoco se va a dar cuenta si lo llevas suelto, recogido o usas las mismas cebollas de las bailarinas.

Mi abuela, que siempre fue mi mejor consejera, solía decirme que lo mejor de la cabeza no es lo que está sobre ella, sino lo que va dentro. Toda la vida ha tenido la razón. Nadie es perfecto. Tampoco nadie vive en una caja de cristal.

Las revistas de belleza, para lo que siempre sirven es para hacerte sentir horrible. Y esa NO PUEDE ser la idea. La moda, más allá de lo que usen las modelos, va ligada a cada individuo de manera muy personal. No todos los estilos nuevos van con todo el mundo.

Lo primordial, lo imprescindible, es que te tiene que hacer sentir querido. Peinarse o no… bueno, eso ya entra en materia de la libertad de acción.

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