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Arte

Soy Cuba
Una película de culto cumple 50 años
La historia del celuloide está marcada por cineastas y filmes malditos por una u otra razón, fueran las circunstancias alrededor de los rodajes o de los estrenos, las masacres perpetradas en las moviolas —o en los escritorios de funcionarios y censores— o por la aureola en torno a sus creadores. En la del cine cubano no podía faltar uno de esos títulos: “Soy Cuba” .

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14 Oct 2014

 

 

La historia del celuloide está marcada por cineastas y filmes malditos por una u otra razón, fueran las circunstancias alrededor de los rodajes o de los estrenos, las masacres perpetradas en las moviolas —o en los escritorios de funcionarios y censores— o por la aureola en torno a sus creadores. En la del cine cubano no podía faltar uno de esos títulos: “Soy Cuba” (1964), realizado por el cineasta georgiano Mijaíl Kalatózov (1903-1973), a veces mucho más citado y leído que visto en toda su dimensión.

La fotografía corrió por cuenta de Serguéi Urusevski (1908-1974), calificado felizmente por un crítico cubano como “un niño a quien regalaron una cámara de cine” al contemplar el frenesí de las imágenes de “Cuando vuelan las cigüeñas” (1957), aquella deslumbrante película que los consagrara en el Festival de Cannes.

Nadie puede olvidar el rostro de Tatiana Samoilova (1934-2014) iluminado por las explosiones en la secuencia del bombardeo nocturno, el disparo que pone fin a la vida del soldado, la carrera desenfrenada de Verónica decidida a suicidarse... por apenas mencionar algunas de las más memorables.

Sobre el binomio Kalatózov-Urusevski la realidad cubana inmediatamente después del triunfo de 1959 ejercía una sugestión análoga a la experimentada por Serguéi Eisenstein y su operador Eduard Tissé ante su (re)descubrimiento de México. Concebir un fresco monumental que, casi como un mural de Xiqueiros u Orozco, describiera la épica que condujo a la Revolución fue el propósito de “Soy Cuba”.

El entonces joven cineasta Enrique Pineda Barnet colaboró con el poeta Evgueni Evtushenko en el guion. Pineda subraya la voluntad de entendimiento que primó siempre, algo difícil por las grandes diferencias culturales y de temperamento. Confiesa que, amén de verse obligado a visionar “¡Qué viva México!” una decena de veces, desde el primer momento advirtió que Urusevski “era la personalidad artística más interesante y creativa del grupo”.

“Soy Cuba” posee tal grado de perfección formal que la fotografía aún hoy sorprende a los estudiosos y técnicos por la complejidad en la

elaboración de algunos antológicos planos-secuencia, los ángulos, el empleo dramático de la luz en el rango de un personaje y la textura lograda en el cielo y la vegetación.

 

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