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Arte

El poeta que no sabía bailar
Hasta hoy, la poesía del mexicano Jaime Sabines no es posible encuadrarla en una definición. Y es que sus versos, sin apartarse de un lenguaje propiamente culto, se encaminan más hacia lo conversacional
7 Feb 2016

 

 

Hasta hoy, la poesía del mexicano Jaime Sabines no es posible encuadrarla en una definición.  Y es que sus versos, sin apartarse de un lenguaje propiamente culto, se encaminan más hacia lo conversacional. Ese estilo suyo propicia entonces un alto grado de intimidad con los lectores.

Sabines llegó a mi vida en segundo año de la carrera, a través de un libro prestado. Lo leí primero en su poema dedicado a la luna, que nos invitaba a comerla a cucharadas o como una cápsula, cada dos horas.

Supe que había nacido en la localidad de Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, el 25 de marzo de 1926, justo el día que en el calendario juliano comienza la primavera. Tras sus primeros estudios se trasladó a Ciudad de México e ingresó en la Escuela Nacional de Medicina (1945), donde permaneció tres años antes de abandonar la carrera.

Siguiendo un sueño, cursó luego estudios de Lengua y Literatura castellana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, y fue becario especial del Centro Mexicano de Escritores, aunque no consiguió grado académico alguno.

Trabajó como vendedor de telas y confecciones hasta que recibió, en 1959, su primer premio literario .Horal, publicado en 1950, es el poemario que lo inicia, desde el cual se avizoran los elementos indispensables de toda su obra: una intensa sinceridad, escéptica a veces, y mezclada con amargura, elemento que no falta ni en la más optimista de sus creaciones.

De su impronta nos quedó, igualmente, el volumen Recuento de poemas, publicado en 1962; el mismo reúne sus obras La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1956), Diario, semanario y poemas en prosa (1961) y algunos textos que no habían sido todavía publicados.

En 1965, la compañía discográfica Voz Viva de México grabó un fonograma con algunos poemas de Sabines en la propia voz del autor, lo que vino a corroborar la imagen que tenían de él como un creador profundamente triste frente a la presencia inevitable de la muerte.

No obstante, canta al amor en Mal tiempo (1972), esbozando un camino que devela  “lo extraordinario, lo monstruosamente anormal es esta breve cosa que llamamos vida”.

Traducida a varias lenguas, su obra fue galardonada con varios premios, como el de Literatura otorgado por el gobierno del estado de Chiapas, el Xavier Villaurrutia y el Elías Souerasky. En 1983 le confirieron el Premio Nacional de las Letras. Pero, condecoraciones aparte, su mayor lauro fue la sabiduría recibida de su padre, a quien admiró profundamente: “Su conocimiento de la literatura oriental me ayudó a llegar a las raíces de todo”, llegó a afirmar.

Su progenitor, Julio Sabines, nació en Líbano, pero emigró con sus padres y hermanos a México, donde más tarde participó en la Revolución de 1910.La trascendencia que tuvo en la vida y obra de su hijo se transformó en el libro que el poeta reconoció como su mejor creación.

 

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