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Preservemos los manglares
En el archipiélago cubano, formado por la isla grande, Isla de la Juventud y unos 4 000 cayos, los manglares ocupan más de 5 000 kilómetros, lo que significa el 4,8 % de la superficie terrestre total y un 26 % de los bosques

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28 Jun 2016

 

 

(Publicado en 2007)

 

 

El cambio climático, el incremento de la intensidad de los huracanes y las inundaciones costeras entre otros fenómenos atmosféricos de envergadura, pueden atentar contra los manglares, barreras de defensa naturales que bordean las costas de Cuba.

En el archipiélago cubano, formado por la isla grande, Isla de la Juventud y unos 4 000 cayos, los manglares ocupan más de 5 000 kilómetros, lo que significa el 4,8 % de la superficie terrestre total y un 26 % de los bosques.

Más del 70 % de las costas de la Isla están protegidas con formaciones de manglares, donde abunda el patabán, la yana y el mangle rojo.

Comunes en las costas de origen biológico, acumulativas y cenagosas, donde son frecuentes los esteros con escurrimientos de agua dulce, también abundan en lugares salinizados como cayos e islas.

El denominado monte de manglar resulta un complejo que sustenta la vida de especies animales, pues entre sus ramificaciones sumergidas habitan numerosos tipos de invertebrados y peces. Las hojas, ramas y raíces de los mangles aportan ricos nutrientes y constituyen refugio ideal para los peces, crustáceos y moluscos.

A la vez, protegen las costas de la erosión asociada al viento, al oleaje y a las corrientes marinas, e impiden el paso de las sustancias contaminantes a los arrecifes coralinos u otros medios.

Múltiples estudios han acometido los especialistas del Instituto de Ecología y Sistemática (IES), relacionados con el cuidado y preservación de estos ecosistemas que aún guardan incógnitas para la ciencia.

Recientemente concluyó una investigación del archipiélago de Sabana-Camagüey, que según la doctora Leda Menéndez, del IES, dará resultados trascendentales para profundizar en el conocimiento y cuidado de esas valiosas barreras vegetales.

Sostiene Leda que muchos estragos y devastaciones pudieran evitarse si las líneas de costa conservaran esos ecosistemas que la acción del hombre ha dañado o destruido, a veces por capricho, necesidad o desconocimiento de su valor ecológico y económico.
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A pesar de que en la Isla se encuentran establecidos decretos, resoluciones y documentos jurídicos como la Ley Forestal, para la protección estricta de los manglares, su conservación no solo depende de lo estipulado legalmente, sino de la concientización de su vital importancia para el hábitat de numerosas especies, incluyendo el hombre.
 

 

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