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Historia

El primer pionero mártir
Era pequeño y menudo, pero de ojos muy vivaces que mostraban desde ese entonces el interés por aprender algo más de lo que a su edad le correspondía

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16 Oct 2015

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Como miembro de una familia humilde, pero de altos valores, transcurrió la vida de Francisco González Cueto, el más pequeño entre seis hermanos y al que todos cariñosamente llamaban Paquito. Era pequeño y menudo, pero de ojos muy vivaces que mostraban desde ese entonces el interés por aprender algo más de lo que a su edad le correspondía.
 

A Paquito le tocó vivir en una etapa difícil en Cuba, la tiranía machadista, donde la represión se desataba contra aquellos que querían construir una patria de igualdad, sin maltratos ni desempleo. Por esa razón los niños como él, con inquietudes de quienes quieren el fin de un mal gobierno, no podían permanecer indiferentes a la situación que existía.
 

Guiado por un pensamiento martiano y la fuerte influencia de Julio, su hermano mayor, el niño Paquito se definía como luchador y defensor de la causa revolucionaria.
 

Era un muchachito discreto, característica esta que se requería para pertenecer a una importante organización como lo fue la Liga de los Pioneros. Paquito se sentía orgulloso, necesario y un firme integrante que combatía con entusiasmo.
 

El 1 de enero de 1929, había ocurrido en México, por órdenes de Machado el asesinato del líder estudiantil Julio Antonio Mella, fundador del Primer Partido Comunista de Cuba y por quien Paquito sentía gran admiración. Luego de muchos esfuerzos, en 1933, sus cenizas fueron trasladadas a Cuba y expuestas en el local de la Liga Antiimperialista  situado en la esquina de Reina y Escobar, en La Habana.

Una gran multitud acudió al lugar a rendirle un último tributo y en ella estaba Paquito y un grupo de pioneros, haciendo guardia de honor ante los restos en señal de respeto al querido líder comunista.
 

El 29 de septiembre de 1933 se efectuaría el entierro. Todos los revolucionarios fueron convocados. Había peligro de que la fuerza pública tomara represalias contra la manifestación pacífica, y así fue: las garras de la dictadura, con un vil disparo, destruyeron la inocente vida de Paquito, quien no había cumplido aún 14 años.
 

Nuestros niños y jóvenes le rinden hoy homenaje desde sus diversas organizaciones, siguiendo su ejemplo y el de tantos que como él hicieron Revolución.  

 

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